El encono, el descontento social, los ánimos exaltados, los discursos de odio llevan un buen rato entre nosotros y no se ve que haya manera de erradicarlos.
En el gobierno no se ve la intención de manejar otras narrativas. De lo que se trata más bien es de lanzar todo tipo de palabras más que ideas para señalar a quienes piensan diferente. Nos la hemos pasado adjetivando a quienes piensan diferente de nosotros. Los atacamos y lo más grave, es que quien ha ido mano en los últimos años ha sido el propio gobierno.
Se ha generalizado el discurso de odio. Difícilmente en el Congreso puede haber debates con sustento. Lo que se busca es desacreditar a los adversarios, que en un buen número de ocasiones más bien son enemigos, a través de un uso del lenguaje rudo que busca más que argumentar ser un ataque directo con todo tipo de florituras en el uso del lenguaje.
El Congreso no le pasa de largo a los ciudadanos. Es una caja de resonancia que genera secuelas al paso de los días. La gente tarde que temprano termina por enterarse de los desplantes legislativos, es un escenario al cual se le presta mayor atención de lo que parece.
Los ciudadanos lo encuentran como una caja de resonancia. Se va convirtiendo en uno más de los elementos que construyen un entorno que también repercute en la cotidianidad. Es, a querer o no, una de las causas de la exaltación de los ánimos. Se suma a las formas que la sociedad ha considerado como parte de sus relaciones sociales. Evidentemente no es el centro, pero sí repercute y sí es tomado en cuenta por la ciudadanía. Difícilmente los legisladores alcanzan a apreciar cómo puede repercutir lo que hacen.
- EL AMBIENTE está enrarecido. Estamos con que la violencia es la solución a nuestros problemas sin importar si se trata de la política o de un incidente de tránsito. Recientes sucesos deben ponernos a pensar, sobre todo a quienes nos gobiernan.
El Congreso se ha convertido en un elemento referente donde se ve cómo se alteran los ánimos en medio de las imposiciones. Si no hay un diálogo abierto en el Congreso, la ciudadanía termina por registrarlo.
En la suma de las cosas los instrumentos del Estado son clave para la cohesión e integración de la sociedad en medio de profundas diferencias. Andamos en la incomunicación, porque la oposición es incapaz de hacerse valer y el gobierno y su partido están convencidos que le pueden pasar por encima a sus adversarios sin que pase nada.
En algún sentido tienen razón, pero lo que estamos viviendo puede llevarnos a un callejón sin salida, que en lugar de consolidar un gobierno y un partido repercuta en confrontaciones que se meten en nuestra vida diaria, de hecho, en algunos casos ya está pasando.
Con la política como el gran eje de la organización que fundamenta las relaciones sociales, el problema está siendo la falta de voluntad de quien gobierna para buscar entendimientos, junto con la incapacidad de la oposición para hacerse valer en territorio con la sociedad.
Todo esto termina por repercutir en todos los terrenos de la sociedad. Si bien existen otros factores que nos tienen confrontados, con ánimos exaltados y enojos, como es la presencia de la delincuencia organizada, la violencia que se vive en una gran cantidad de ámbitos en nuestras ciudades y las muchas inconformidades económicas, tiene el Gobierno la posibilidad de encontrar puntos de cohesión y credibilidad para la sociedad.
Seguimos bajo la dinámica de que estás conmigo o contra mí. Estuvo fuera de lugar que la Presidenta después de un viaje que podríamos catalogar de positivo, diga que la derecha es el odio y la división, sin quedar claro por qué lo es para ella, por un aspecto ideológico, o por no estar con ella.
El ambiente está enrarecido. Estamos con que la violencia es la solución a nuestros problemas sin importar si se trata de la política o de un incidente de tránsito. Recientes sucesos deben ponernos a pensar, sobre todo a quienes nos gobiernan.
RESQUICIOS.
Por lo que se filtró ayer en la tarde, todo indica que Morena hará cambios en su dirigencia nacional. Es evidente que algo anda mal, lo cual se agudizó con la frustrada reforma electoral y Plan B, se andan reacomodando para lo que viene.