LAS BATALLAS

El Servicio Secreto…

Francisco Reséndiz. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Francisco Reséndiz. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

En los últimos 10 años, el presidente de Estados Unidos ha enfrentado incidentes de seguridad que han evidenciado ante el mundo que un cuerpo de élite, con una misión central —proteger al hombre más poderoso del planeta—, puede ser vulnerado… El encono y la violencia sin razón han tocado constantemente la puerta de Donald Trump.

El Servicio Secreto, creado en 1865, es la institución encargada de preservar la continuidad del gobierno de Estados Unidos. Protege al Presidente y al Vicepresidente, así como a sus familias; también a jefes de Estado y de gobierno visitantes y a otras personas designadas, como en su momento lo hizo el Estado Mayor Presidencial en México.

Pero este cuerpo de élite va más allá: investiga las amenazas contra las personas que protege; resguarda la Casa Blanca, la residencia del Vicepresidente, las misiones en el extranjero y otros edificios designados dentro de Washington, D.C.; diseña, coordina y ejecuta planes de seguridad en eventos de seguridad nacional, y protege el sistema financiero de Estados Unidos.

Cuenta con herramientas como ningún otro cuerpo de seguridad similar en el mundo: tiene el respaldo del Centro Nacional de Evaluación de Amenazas (NTAC, por sus siglas en inglés), establecido en 1998 para proporcionar investigación y orientación en apoyo directo a la misión de protección del Servicio Secreto.

El gobierno de Estados Unidos presume que, cuando su Presidente viaja, su seguridad es la máxima prioridad. Para ello, el Servicio Secreto cuenta con el apoyo de la totalidad de las Fuerzas Armadas estadounidenses y, de ser necesario, de agencias locales, estatales y federales. Cuando opera en el extranjero, se coordina con fuerzas de seguridad locales, con las propias fuerzas armadas y con el Departamento de Estado.

Además, expertos en seguridad y tácticas —incluidos especialistas en la lucha contra agentes químicos y biológicos, artefactos explosivos y materiales radiológicos y nucleares— acompañan al Presidente en sus recorridos por el país y el mundo. La planificación y protección de sus viajes pueden comenzar semanas, incluso meses antes, e implican un trabajo meticuloso de inteligencia y evaluación de riesgos.

Pero todo eso ha sido insuficiente para impedir que las amenazas lleguen hasta el presidente Trump.

El capítulo más reciente, en el que el Servicio Secreto fue rebasado por un acto de violencia sin razón, se registró el sábado por la noche en el Salón de Banquetes del Washington Hilton —durante la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca—, cuando un hombre armado ingresó presuntamente con la intención de atacar al mandatario y a su gabinete.

En ese incidente no sólo estuvo en riesgo el presidente Trump, sino también su esposa, Melania Trump; el vicepresidente JD Vance y los integrantes del gabinete. El agresor portaba una escopeta, una pistola y varios cuchillos. Fue neutralizado a tiros y trasladado a un hospital.

Pero no es un caso aislado.

El 13 de junio de 2024, cuando era candidato presidencial, en Pensilvania, un joven subió al techo de una casa —en las narices del Servicio Secreto— y desde ahí disparó contra Trump durante un mitin. Le desgarró la oreja derecha. El atacante fue abatido por las fuerzas de seguridad mientras Trump era evacuado en medio del caos. Una persona murió.

El 15 de septiembre de 2024, mientras Trump jugaba golf en West Palm Beach, Florida, personal del Servicio Secreto detectó entre los arbustos el cañón de un fusil AK-47. Un agente disparó hacia el objetivo, ubicado a más de 360 metros. El agresor huyó, dejando el arma, una mira telescópica y una cámara GoPro. Posteriormente fue detenido y sentenciado a cadena perpetua.

El 22 de febrero de 2026, un hombre de 21 años ingresó a la residencia de Trump en Mar-a-Lago, Florida, y murió bajo el fuego de las fuerzas de seguridad.

En noviembre de 2016, durante un mitin en Reno, Nevada, se escuchó el grito de “arma”, lo que provocó caos y la salida intempestiva de Trump.

El 12 de marzo de 2016, una persona intentó subir al escenario donde se encontraba el entonces candidato, pero fue neutralizada por la seguridad. Y el 18 de junio del mismo año, otra intentó arrebatar el arma a un policía para dispararle, sin lograrlo.

Trump vive bajo la presión de los flancos que ha abierto con países de Europa, Asia y América Latina; de la división y confrontación interna que ha alentado en la sociedad estadounidense; y de la radicalización de quienes no coinciden con él, un cóctel que puede poner en vilo no sólo a Estados Unidos sino al mundo entero. Mientras, su cuerpo de élite de protección presidencial seguirá ahí...

RADAR

EL MUNDIAL. Nos comentan que la clase política mexicana se prepara para hacer una pausa durante el Campeonato Mundial de Fútbol 2026, que se jugará en México, Estados Unidos y Canadá.

Pero no se trata de una pausa común, veremos a diputados, senadores, secretarios de Estado, gobernadores, colgándose de la “fiebre mundialista” para que, una vez terminada la Copa del Mundo retornen a las definiciones que habrán de tener para enfrentar las elecciones 2027 donde se renovará la configuración política del país.

ANDY. Ayer, el líder de Morena en Tabasco, Jesús Selván, afirmó que si Andrés Manuel López Beltrán decidiera buscar un cargo de elección popular en la entidad, sería bienvenido.

Aclaró que tendría que sujetarse a las reglas internas del partido, como someterse al sondeo y a la encuesta para definir candidaturas, pero que por supuesto que es bienvenido.

Calificó a López Beltrán, hijo de AMLO, como “un gran activo” del movimiento de la 4T, y afirmó que en Tabasco existe un amplio respaldo al lopezobradorismo. ¿Veremos a Andy en San Lázaro?

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón