VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Un autorretrato de la intolerancia

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

El presidente Miguel Díaz-Canel concedió una entrevista al empresario y periodista brasileño Breno Altman, director de Opera Mundi y colaborador de diversos medios del progresismo latinoamericano. La entrevista permitió a Díaz-Canel repetir el mantra discursivo oficial de la isla: Cuba está siendo asfixiada por Estados Unidos, el pueblo cubano está resistiendo y su gobierno no se hace responsable por el terrible deterioro de las condiciones de vida. El bloqueo es el único culpable y debe ser eliminado sin que La Habana tenga nada que corregir.

Sin embargo, hubo un momento imprevisto por Díaz-Canel y sus asesores: cuando Altman pregunta al dirigente cubano por sus preferencias musicales. El periodista escoge la ruta de la contraposición entre grandes artistas cubanos, para que Díaz-Canel se decante por uno y luego sugerirle nuevas alternativas. El esquema de entrevista está concebido para que el entrevistado muestre la mayor pluralidad y tolerancia posibles. Pero Díaz-Canel, claramente, no superó la prueba ni aprovechó la oportunidad.

El periodista empieza el mano a mano por Ignacio Cervantes y Compay Segundo y Díaz-Canel escoge a este último. Luego descarta a Compay Segundo por Bola de Nieve y se enfrasca en una repetición de Bola de Nieve, hasta que llega Benny Moré. Responde varias veces a favor de Benny, hasta que aparece Omara Portuondo. Díaz-Canel repite y repite su preferencia por Omara, hasta que surge el nombre de Silvio Rodríguez, que mantiene, reiterativo, hasta el final de la entrevista.

Por el camino, el presidente de Cuba no da un solo voto, ya no a Ignacio Cervantes, tal vez, el mayor compositor cubano del siglo XIX, sino a verdaderos referentes de la música popular de la isla del siglo XX como Arsenio Rodríguez, Dámaso Pérez Prado, Bebo Valdés, Celia Cruz, Ibrahím Ferrer, Chucho Valdés, Juan Formell, Pablo Milanés, Noel Nicola, Adalberto Álvarez, Paquito de Rivera, Arturo Sandoval y Gonzalo Rubalcaba.

En su valoración, Díaz-Canel muestra una parcialidad evidente a favor de Silvio Rodríguez, con quien dice identificarse musical y políticamente. Al final de la entrevista, repite y repite la vieja tesis de la Nueva Trova como banda sonora de la Revolución cubana, que resulta anacrónica por partida doble, ya que, desde hace décadas, ninguna de esas dos cosas, la Nueva Trova y la Revolución cubana, existe más.

En la conversación con el periodista brasileño, el jefe del Estado cubano expone con claridad una de las más nefastas consecuencias de un sistema de partido comunista único. Las preferencias políticas de la cultura del país, a través de los gustos o inclinaciones de los burócratas, se imponen, desde arriba, como lógicas de jerarquización y autorización, de tal manera que la música popular, a diferencia, por ejemplo, de lo que sucede en el Brasil de Breno Altman, tiene que abrirse paso, desde abajo, venciendo los prejuicios y sectarismos de la élite gobernante.

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