LAS BATALLAS

El mensaje de la Presidenta

Francisco Reséndiz. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Francisco Reséndiz. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La acusación —sin pruebas— de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, fue demoledora y, por supuesto, detonó un escándalo que de inmediato buscaron capitalizar la oposición y los adversarios de la 4T. Y la única persona que podía atajar la carnicería política que pretendieron desatar, dentro y fuera de México, era la Presidenta de la República… y lo hizo.

Vale la pena analizar no sólo el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum de ayer por la mañana en el Salón de la Tesorería, sino también los elementos simbólicos que lo rodearon y que dejaron claro que la respuesta a Washington tenía dos objetivos centrales: defender la soberanía y la dignidad de México, y colocar a los mexicanos del lado de la justicia.

La Presidenta emitió su mensaje desde el Salón de la Tesorería, un espacio que muchos olvidan que, más allá de las conferencias matutinas, es el recinto diplomático por excelencia del Poder Ejecutivo, donde se estrechan lazos de amistad con jefes de Estado y de gobierno que visitan el país.

Y hay algo más relevante: respondió desde Palacio Nacional, el corazón del poder político de México y sede del Poder Ejecutivo. Un recinto cargado de historia, cultura y arte, pero también símbolo de la fortaleza y solidez del Estado mexicano.

La Presidenta entró sola al salón —unos pasos atrás venía Mario Delgado, secretario de Educación. Estaba sonriente, lista para encabezar la celebración del Día de la Niña y del Niño con pequeñas y pequeños invitados a Palacio Nacional. Pero antes, fijó posición frente al gobierno de Donald Trump.

Detalló que su administración conocía la acusación contra Rocha Moya y otros nueve implicados desde la noche previa, tras recibir de Estados Unidos 10 solicitudes de detención provisional con fines de extradición. Explicó que la Cancillería las remitió de inmediato a la Fiscalía General de la República para su análisis.

También dejó claro que el Departamento de Justicia estadounidense hizo pública la acusación y publicó un documento denominado “Acusación de Reemplazo Bajo Reserva”, lo que provocó un extrañamiento del gobierno mexicano, al tratarse de procesos que, por tratados internacionales, deben mantenerse bajo confidencialidad.

Luego, la Presidenta recordó que la FGR analizará la documentación enviada por Washington para determinar si existen elementos probatorios suficientes conforme a la legislación mexicana.

Y entonces vino el golpe político, hacia dentro y hacia fuera:

“Desde que asumí la Presidencia de México, juré hacer respetar la Constitución y las leyes. Asimismo, asumí el firme compromiso de velar por el bienestar del pueblo y la defensa de la soberanía nacional. México es un país grandioso, con un pueblo generoso y trabajador. México establece una relación de iguales con todas las naciones, nunca de subordinación y menos de entreguismo.

“Como Presidenta de la República, mi posición ante estos hechos es: verdad, justicia y defensa de la soberanía. Es decir, si la Fiscalía General de la República, que es la autoridad competente, recibe pruebas contundentes e irrefutables conforme a la legislación mexicana, o en su propia investigación encuentra elementos constitutivos de un delito, deberá proceder conforme a derecho bajo nuestra jurisdicción.

“Lo he dicho siempre de forma clara y hemos actuado en consecuencia: nosotros no vamos a cubrir a nadie que haya cometido un delito. Sin embargo, si no existen pruebas claras, es evidente que el objetivo de estas imputaciones por parte del Departamento de Justicia es político”.

Insisto: hay que leer con cuidado lo que está ocurriendo en la esgrima política entre Estados Unidos y México.

En la ecuación del caso Rocha Moya deben considerarse tres elementos adicionales: la visita de la Presidenta a Barcelona y su respaldo a Cristina Fernández de Kirchner el 17 de abril; la posterior detención del contralmirante Fernando Farías en Buenos Aires; y la afinidad política entre Javier Milei y Donald Trump. A ello se suma la operación de agentes de la CIA en Chihuahua y el eje central del discurso mexicano: la defensa de la soberanía, algo que no le gusta a Trump.

Dice el clásico que en política no hay coincidencias… y en política internacional, menos.

Y ante la tempestad, la Presidenta salió a dar la cara en defensa de la dignidad de México. Hay que leer con cuidado su mensaje, pero sobre todo su última frase:

“Verdad, justicia y defensa de la soberanía”.

RADAR

ZACATECAS Y EL CAMBIO. En la política mexicana local, pocas estructuras políticas han demostrado tanta capacidad de permanencia como la que se ha mantenido en Zacatecas durante los últimos 28 años.

Ricardo Monreal había crecido y fortalecido al PRI. En 1998, cuando la cúpula tricolor decidió que José Olvera fuera su candidato al gobierno del Estado, hubo un pleito interno que llevó a Ricardo a dejar al partido y, por invitación de Andrés Manuel López Obardor, sumarse al PRD. Compitió y ganó la elección. Le arrebató Zacatecas al PRI.

Desde entonces la familia Monreal incrementó su actividad política y control político de la entidad y Ricardo, David, Saúl caminaron por rutas separadas, cada uno en su propia ruta pero al final unidos dentro del movimiento de la 4T.

Han pasado casi 30 años desde que Monreal ganó la gubernatura de Zacatecas. En este periodo se consolidó como uno de los principales actores políticos nacionales, pero en su propia tierra -nos comentan-, ha surgido un cuadro que puede cambiar el rumbo de Zacatecas desde el propio movimiento de la 4T, su nombre: Ulises Mejía Haro.

Nos hacen ver que puede convertirse en un dolor de cabeza para los Monreal, pues su irrupción en el escenario estatal no es casual ni producto de una coyuntura menor. Se trata de una figura que ha sabido construir capital político propio, con una combinación que escasea en los cuadros tradicionales: cercanía con la ciudadanía, discurso técnico y una lectura clara del desgaste de las élites locales.

Lo relevante no es únicamente su aspiración a la gubernatura, sino lo que representa: el cambio en manos de los jóvenes de la 4T. Y sí, Mejía Haro aparece como una alternativa ante los Monreal. No desde la confrontación estridente, sino desde la construcción silenciosa de estructura y narrativa.

Ha logrado posicionarse sin depender completamente de los viejos pactos, lo cual, en un estado con alta politización, no es menor. Además, su perfil responde a una demanda creciente: liderazgos menos anclados en el pasado y más enfocados en resultados… o sea, los jóvenes.

Zacatecas, históricamente acostumbrado a los liderazgos heredados, podría estar frente a una

transición distinta: la del relevo construido, no impuesto. Y eso, en el contexto actual del país, no es poca cosa. Los Monreal deberían estar preocupados.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón