VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Formas de responder a Trump

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Cómo lidiar con Donald Trump es una cuestión muy debatida en México desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que coincidió con el primer mandato del actual presidente de Estados Unidos, y al que las izquierdas latinoamericanas, en la práctica, responden de manera diferente. Tres de los gobiernos que quedan a esa izquierda, el brasileño, el colombiano y el mexicano, que encabeza Claudia Sheinbaum, lo hacen de distinta forma.

Recientemente, con motivo del Día del Diplomático en Brasil, que en ese país se celebra en la fecha del natalicio del Barón de Río Branco —José María da Silva Paranhos, ministro de exteriores brasileño de principios del siglo XX—, el canciller Mauro Vieira sostuvo que, frente a la nueva ofensiva unilateralista de la Doctrina Donroe, la respuesta de las naciones suramericanas debía de ser de mayor compromiso con foros multilaterales regionales, como Mercosur, y globales como el G20 o los BRICS.

Dijo el canciller brasileño que el diálogo y la negociación frente a potencias unilaterales e intervencionistas, como Estados Unidos en tiempos de Trump, deben acentuarse aún más como mecanismos de contrapeso. Un error bastante frecuente en cierta tradición de la izquierda latinoamericana es jugar a contrarrestar la fuerza hegemónica con otra fuerza contrahegemónica, que recurre a la intransigencia, la unanimidad y la represión de opositores.

Cuando más arreció la retórica trumpista contra el presidente Gustavo Petro, justo en las semanas que siguieron a la operación militar en Caracas y la Orden Ejecutiva de la Casa Blanca, el 29 de enero de 2026, la respuesta del presidente de Colombia fue viajar a Washington y reunirse con el presidente de Estados Unidos. Luego de ese encuentro, que antecedió a las elecciones democráticas que ahora mismo tienen lugar en el país suramericano, la agresividad verbal de Trump contra Petro y sus llamados a que “Colombia era la siguiente”, se rebajaron considerablemente.

La Presidenta Claudia Sheinbaum, como su antecesor López Obrador, ha sido sumamente cuidadosa con Donald Trump. Luego del momento de máxima tensión bilateral, tras la denuncia de narcotráfico contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, la mandataria ha respondido sin aspaviento patriótico. En medio de esta crisis sin precedentes, el Gobierno mexicano prioriza la renegociación del T-MEC y el entendimiento con Washington.

Esa racionalidad diplomática es ajena a otros gobiernos de la región, como el cubano o el nicaragüense, que, con razón, no figuran dentro del bloque progresista que recientemente se reunió en Barcelona. En Cuba se responde al intervencionismo estadounidense con intransigencia revolucionaria, por lo que la lógica del diálogo y la negociación se ve desplazada por un diferendo perpetuo, que resulta rentable para la subsistencia de un sistema rígido y cerrado, pero no para el crecimiento económico ni para la distribución equitativa del ingreso.

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