BRÚJULA ECONÓMICA

Coyuntura económica complicada

Arturo Vieyra<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

Como lo habíamos anticipado en este espacio, los resultados de producción durante el primer trimestre del año fueron negativos y acentuaron las preocupaciones en torno al crecimiento económico. Al mismo tiempo, los indicadores de consumo e inversión confirmaron que la principal causa del estancamiento productivo se encuentra en la debilidad de la demanda interna.

Al revisar la información cuantitativa, se confirma una contracción pronunciada durante el primer trimestre. El PIB retrocedió 0.8% respecto al cuarto trimestre del año pasado (cifras ajustadas por estacionalidad), mientras que en términos anuales apenas avanzó 0.2%.

Destaca una debilidad generalizada entre los tres grandes sectores de la economía, todos con caídas trimestrales. La mayor afectación se concentró en la industria, particularmente en las manufacturas. Por su parte, los servicios también mostraron una contracción respecto al trimestre previo, aunque todavía mantienen un crecimiento positivo en comparación con el primer trimestre del año pasado.

La principal causa de la debilidad productiva en la primera parte del año se ubica en el estancamiento y/o retroceso de la demanda interna y, en menor medida, de la externa. Pueden identificarse cuatro factores que explican, en orden de magnitud, el deterioro productivo: (1) el consumo de los hogares detuvo su trayectoria ascendente; (2) persisten los malos resultados en materia de inversión; (3) la caída de las exportaciones automotrices y petroleras; y (4) el subejercicio del gasto público.

Datos recientes confirman que el consumo privado registró su segunda caída mensual consecutiva. En febrero retrocedió 0.5% respecto a enero. No obstante, en términos anuales aún mostró un crecimiento de 0.9%. Aunque acumula diez meses consecutivos con avances anuales, éste representa el menor incremento de los últimos siete meses.

Persisten señales de debilidad. Éstas se reflejan en un menor dinamismo en la generación de empleo, una desaceleración en el crecimiento de las remesas, una ejecución lenta del gasto público y presiones inflacionarias que continúan restringiendo el desempeño del consumo privado. Incluso, comienzan a observarse cambios en el patrón de consumo, con un deterioro en la demanda de bienes duraderos.

La caída de la inversión mantiene una debilidad persistente. En febrero registró una reducción mensual de 0.8%, con la mayoría de sus componentes en terreno negativo. Destacó la disminución en la compra de maquinaria y equipo, particularmente en el rubro de transporte importado. Por su parte, la construcción comienza a mostrar señales de mayor dinamismo, aunque todavía insuficientes. Hacia adelante, se mantiene una perspectiva relativamente favorable, apoyada en un posible impulso derivado de programas gubernamentales de vivienda y del plan de infraestructura.

En consecuencia, si bien la demanda externa contribuye al menor crecimiento económico a través de una desaceleración de las exportaciones automotrices, la causa fundamental del debilitamiento se encuentra en la demanda interna. Aunque algunos indicadores recientes sugieren una recuperación moderada tanto en el consumo como en la inversión —importaciones de bienes de consumo y de capital, remesas, menores tasas de interés y fortaleza del crédito, entre otros—, el crecimiento económico este año se mantendrá moderado, en torno a 1.5%.

La posibilidad de superar el bache observado en el primer trimestre dependerá del fortalecimiento de la política pública orientada a fomentar la inversión y de un entorno internacional más estable —particularmente con una revisión del T-MEC con balance al menos neutro para México—.

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