La elección de 2027 no será una intermedia cualquiera. Se renovará la Cámara de Diputados, habrá 17 gubernaturas en juego, congresos locales, presidencias municipales y posiblemente nuevos cargos judiciales. En la práctica, se va a votar una parte enorme del poder político del país y será una demostración de fuerza del régimen. Las piezas ya se están moviendo en el Gobierno, en Morena, en el Congreso y en los estados. La Presidenta ha dejado claro a su gabinete que quien quiera participar en 2027 debe renunciar a su cargo. Después de esa advertencia vino la salida de Esthela Damián de la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal para buscar Guerrero, seguida del movimiento de Luisa María Alcalde, quien dejó la presidencia de Morena para ocupar la Consejería.
Ariadna Montiel renunció a la Secretaría de Bienestar y se convirtió en la nueva presidenta de Morena, acompañada por Óscar del Cueto en las finanzas del partido. También salió Santiago Nieto, quien aspira a competir por Querétaro. Además, se habla de la posible salida de Mario Delgado para Colima. Se rumora que el exsecretario de Agricultura, Julio Berdegué, irá por Sinaloa.
En el Congreso ocurre lo mismo. Andrea Chávez ya pidió licencia al Senado y aparece como la carta más visible para Chihuahua. Arturo Ávila ha dicho abiertamente que quiere la candidatura en Aguascalientes. Saúl Monreal insiste en Zacatecas, aunque enfrenta el problema del antinepotismo. En San Luis Potosí se menciona a Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo, aunque ella ha dicho que su prioridad es el Senado.

› Tiran fallo de Zaldívar
Morena va a defender buena parte del poder territorial que construyó en los últimos años. La oposición, mientras tanto, intentará conservar sus pocos espacios y encontrar alguna victoria que le devuelva oxígeno. La disputa central de 2027 está dentro del propio partido en el Gobierno. Ahí se está jugando no sólo el 2027, también el 2030.
Por eso estos movimientos pueden leerse de dos maneras. Para algunos, son una limpieza del Gobierno federal: la salida de perfiles del primer piso de la transformación para abrir espacios a personas más cercanas a la Presidenta. Pero también, hay una advertencia. Si Sheinbaum quiere proteger su legado y mantener poder hacia el final del sexenio, necesita colocar cuadros propios en gubernaturas, municipios y diputaciones. De lo contrario, la Presidenta llegará a 2030 con menos margen para decidir su sucesión. El 2030, en realidad, ya empezó. Se está jugando dentro de Morena.

“Si no van a hacer el trabajo...”

