En poco más de un mes arrancará la Copa del Mundo, un evento histórico que se realizará por primera vez en tres países distintos: México, Estados Unidos y Canadá. Este torneo llega en medio de uno de los momentos geopolíticos más complejos de los últimos años: la tensión entre Estados Unidos e Irán, la amenaza de los cárteles de la droga, los riesgos de terrorismo, los ataques cibernéticos y los desafíos de seguridad que implica coordinar un evento masivo entre tres naciones.
¿Qué tan vulnerable puede ser un Mundial en este contexto? ¿Cuáles son los principales riesgos que enfrentan organizadores, gobiernos y asistentes? Esta semana platicamos para La Razón con Juliette Kayyem, especialista en seguridad y manejo de crisis, exfuncionaria del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, profesora de la Universidad de Harvard y una de las voces más reconocidas en temas de protección de eventos masivos.

Juliette Kayyem (JK): Cuando América del Norte obtuvo la sede, la idea era proyectar una región integrada, con fronteras abiertas y una colaboración natural entre los tres países. Pero llegamos a 2026 en un contexto muy distinto. Hoy cada país enfrenta realidades políticas y de seguridad completamente diferentes. Canadá probablemente tendrá el escenario más predecible. Enfrenta ciertos problemas de violencia, como cualquier país, pero nada comparable con las preocupaciones que existen en Estados Unidos y México. En cambio, para estas dos últimas naciones, el panorama de amenazas es mucho más intenso. Están los riesgos tradicionales, ciberataques, terrorismo, tiradores activos, control de multitudes. Pero, además, hay un contexto geopolítico muy delicado.

› ¿Se tuneó con el erario?
En el caso de EU, estamos hablando de un país involucrado en conflictos en Medio Oriente, con tensiones crecientes con naciones que además participan en el torneo. A eso se suma el tema migratorio y las políticas de control fronterizo impulsadas por la administración Trump.
Los viajes internacionales hacia EU han disminuido en los últimos meses. Y aunque un evento como éste normalmente atraería enormes cantidades de turistas, existe un ambiente de incertidumbre. Mucha gente percibe que EU hoy no está enviando precisamente un mensaje de bienvenida. Hay controles migratorios más agresivos, presencia de la Guardia Nacional y ciudades que viven bajo tensión social.
En México, por supuesto, existe el tema de los cárteles. Es un factor permanente y forma parte del “ruido de fondo” de cualquier conversación sobre seguridad. Aunque recientemente hubo momentos de mayor tensión, parece que la situación se ha contenido. Aun así, el Gobierno mexicano sabe que el éxito del torneo depende de transmitir estabilidad y control.
Bibiana Belsasso (BB): ¿Con el conflicto entre Estados Unidos e Irán, se incrementa el riesgo de un ataque terrorista?
JK: Sí, absolutamente. La guerra asimétrica es el concepto correcto. Y yo quizá difiero un poco de otros analistas. Si Irán piensa estratégicamente, probablemente se enfocará más en el impacto económico que en ataques físicos espectaculares. Irán ya ha demostrado capacidad para afectar el comercio internacional, generar presión económica o utilizar tácticas como la toma de rehenes. Hoy, Europa, Asia y América del Norte viven en muchos sentidos una guerra económica derivada de esas tensiones.
No estoy convencida de que Irán obtendría beneficios reales atacando físicamente un evento deportivo de esta magnitud, porque el costo político sería enorme y el mundo entero se volvería en su contra. Además, hoy existe mucha desconfianza internacional hacia EU. Muchos países observan con cautela cuáles son sus motivaciones y hacia dónde se dirige esta confrontación. Por eso creo que veremos más presión económica, campañas de desinformación o incluso menos disposición de la gente a viajar.
BB: Dices que no se puede hacer un evento totalmente seguro, sino más seguro.
JK: Exactamente. Muchas veces la gente quiere escuchar promesas de seguridad absoluta, pero eso nunca ha existido. Idealizamos el pasado o imaginamos un futuro perfecto, pero la realidad es que el riesgo siempre está presente. Quienes trabajamos en seguridad pensamos en reducción de riesgos, no en eliminación total. Lo que haces es invertir en planeación, preparación y capacidad de respuesta. Son casi sesenta días de actividades, tres países, múltiples ciudades y millones de personas moviéndose constantemente. El objetivo es reducir daños y reaccionar con rapidez si algo ocurre. No hacemos eventos “seguros”. Hacemos eventos “más seguros”.
BB: ¿Qué consejo les darías a los organizadores del Mundial?
JK: Ese es precisamente el gran reto: no existe una sola fórmula. Incluso dentro de un mismo país las condiciones cambian muchísimo. Nueva York o Los Ángeles son objetivos de alto perfil. Pero después tienes ciudades como Kansas City, cuya prioridad quizá sea simplemente recibir aficionados y hacer una gran celebración.
También existen enormes diferencias económicas. ¿Quién paga la seguridad? ¿El gobierno federal? ¿Las ciudades? ¿Los estados? Todo eso genera tensiones. Y, además, cada partido tiene características distintas. No existe una única “seguridad del Mundial”. La seguridad cambia dependiendo del lugar, del momento, del tipo de aficionados y del contexto político.
Hay que recordar que julio de 2026 coincide además con el 250 aniversario de EU y con todas las celebraciones del 4 de julio.
BB: También influye quién juega.
JK: Exactamente. Y ése es un gran punto. A diferencia de unos Juegos Olímpicos, aquí no sabes desde el inicio qué equipos jugarán en qué ciudades. Todo depende del desempeño deportivo. Y no sólo hablamos de los equipos, sino de sus aficionados. Los aficionados del futbol tienen dinámicas distintas: son más intensos, más emocionales y muchas veces viven los partidos como un asunto nacional o incluso identitario.
Entonces, imagina un partido entre México y Estados Unidos. Dependiendo de la ciudad, la presión de seguridad sería enorme.
BB: ¿Qué podemos hacer si vamos a un estadio con nuestros hijos?
JK: Lo primero es entender que el miedo excesivo tampoco ayuda. Si los padres están completamente aterrados, los hijos también lo estarán. La información es lo que realmente da seguridad. Hay medidas muy simples que pueden marcar una diferencia enorme: Hablar con los hijos sobre qué hacer en una emergencia. Tener puntos de encuentro establecidos. Saber el nombre y dirección del hotel si están viajando. Tener un plan claro en caso de separación. Y también enseñar algo importante: no enfrentar a quien te quiere asaltar. Si alguien quiere robarte algo, entrégalo. No intentes convertirte en héroe. La curiosidad puede ser peligrosa. La prudencia salva vidas.
BB: Hoy también la tecnología juega un papel muy importante.
JK: Totalmente. Algo básico es descargar las aplicaciones oficiales del evento o de la ciudad. Muchas veces ahí recibirás alertas sobre clima, emergencias o cambios de movilidad. Y sí, eso funcionará tanto en México como en Estados Unidos y Canadá. El clima, por ejemplo, es un tema enorme. El calor extremo ya es considerado un riesgo de seguridad pública.
BB: ¿Y qué pasa si ocurre una estampida?
KL: Lo ideal es prevenirla desde el inicio mediante control de multitudes y accesos perimetrales. Pero si sucede, hay algunas reglas básicas: No luchar contra el flujo de personas. Tratar de mantenerse de pie. Usar ropa y zapatos cómodos para moverse rápido. Tener siempre un punto de encuentro previamente acordado. Muchas personas pierden tiempo intentando localizarse por teléfono cuando las redes colapsan. Por eso los planes previos son tan importantes.
BB: Hablas de preparación en casa.
JK: Sí, porque la seguridad empieza desde lo cotidiano. Las familias deberían tener: Reglas claras sobre internet y redes sociales, provisiones básicas para al menos 72 horas: agua, alimentos y medicinas, y un plan de comunicación familiar. La preparación no significa vivir con miedo. Significa estar listo para reaccionar.

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