Hugo Mujica (Avellaneda, Buenos Aires, 1942): sacerdote, ensayista, narrador, artista plástico y poeta. Estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Amplia obra (narrativa, filosofía, poesía, ensayo...) en que aparecen las huellas de su variada y sugestiva formación académica. En los años 60 se desempeñó como pintor en Greenwich Village de Nueva York. Se recluyó siete años en los monasterios de la Orden Trapense en voto de silencio que lo llevó al ejercicio de la escritura. Ha publicado Poesía y ensayo (Editorial Vaso Roto, colección Esenciales), asimismo, los poemarios: Más hondo, Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras —XXXVIII Premio Loewe Fundación—; además de La casa y otros ensayos. “Hugo Mujica, uno de los maestros de la poesía contemporánea”: asienta la crítica especializada.
La pasión por lo posible. En torno a lo humano (Vaso Roto, 2026): cuaderno de horcones respaldados en el pensamiento de María Zambrano, referenciado en cita de la autora de El hombre y lo divino colocada en el pórtico del libro: “El hombre que ha perdido la felicidad, si encuentra el valor de hacerlo, vuelve la vista atrás para revivir su pasado, a ver si sorprende el instante en que se rompió su dicha. El que no sabe lo que pasa hace memoria para salvar la interrupción de su cuento, pues no es enteramente desdichado el que puede contarse a sí mismo su propia historia”.
Trayecto por los orígenes del amor a la sabiduría, la imaginación creadora, el principio rector del verbo, las gratitudes de la vida, el silencio reparador, el rito que conlleva toda iniciación, la gracia del vacío fecundo, los regalos del transcurrir, las dimensiones poéticas de la existencia, fertilidad y trance creativo... / “Al caer la tarde, / la postrera, callaremos las palabras / con las que enhebramos / los pedazos de la vida; /cuando llegue la noche / y se nos devuelva el silencio / oiremos al fin el latido”, nos insinúa Mujica. La historia se excede sobre los seres humanos y la sed de anhelo impugna cualquier insinuación que se aleje del silencio.

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Lo azaroso se anuda a un tiempo de insomnios donde la palabra se bifurca a otra palabra y a otra y otra (“Somos hombres hechos de palabras”: Wallace Stevens), hasta las iniciales enmarcadas en la duda: simiente de preguntas sigilosas. El hombre yerra porque no soporta el espeso boscaje de su destino. “Expresamos y seguiremos expresando porque nunca llegaremos a agotar el propósito de la expresión, nunca llegaremos a la plenitud del don: el don cuya plenitud es no tener final, ser apertura y no oclusión”, acentúa Mujica.
Vemos el agua desbordada sobre el acontecer en la pretensión de anular la rambla y establecer una singular franja de soplo verbal que evade cualquier interpelación. “Mi sed agradece un vaso de agua, no un mar de agua”: Antonio Porchia. Ansia de ávida búsqueda de señales codificadas en la fragilidad del deseo: “Fiel a un vaso de agua /y al pedazo de hambre / que otro cuerpo nos trae, // fiel sorbo a sorbo, hambre a hambre”. / La pasión por lo posible: acequia de cautelosas tinieblas ascendentes/descendentes en tonalidades bachianas que dialogan con el Génesis, los presocráticos, Nietzsche, Cioran, Porchia, Juarroz. Marchamos hacia la cisura, pisamos los bordes de la consunción: “Cualquier hombre es la versión en sombras de un Gran Rey herido en su costado”: Olga Orozco.

La pasión por lo posible
Autor: Hugo Mujica
Género: Ensayo/Poesía
Editorial: Vaso Roto, 2026

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