El Mundial de Futbol no se jugará únicamente en el césped, en un solo recinto, con los precios prohibitivos de presenciarlo en vivo y en directo para una inmensa mayoría de la población con salarios mensuales menores a la mitad del costo de los boletos en el estadio inaugural de la Copa.
Tanto en la conversación de café, en la crítica a las preferencias del Vasco Aguirre, como en la política pública y en el esfuerzo por hacer del evento un derecho ciudadano, se halla la oportunidad de una visión alternativa del deporte, de la comunidad y de la obra pública, así como de su aprovechamiento para hablar del otro Mundial.
Con una inversión superior a los 12 mil millones de pesos en los primeros tres meses del año en obras públicas, la apuesta por un Mundial social plantea infraestructura más allá del último partido. La oposición y algunos otros malquerientes del gobierno representativo de aquella mayoría poblacional se concentran en minimizar las labores en curso o en hacer burla de los colores usados para animarla con la inclusión de un ajolote vivaz y empático, lamentablemente, insoportable para algunos.

› Se le aparece el sombrero
El futbol es una gramática social articuladora de identidades y tensiones; se vive en la grada como en la esquina del barrio. El planteamiento de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, apunta a corregir la histórica asimetría en el acceso al ocio y al espacio público, con el pretexto de la Copa del Mundo. Algunos desearíamos que la promoción universal e intensiva del deporte fuera como en algunas de sus buenas épocas, allá por los años 60 y 70.
Si el Mundial ocurre sólo dentro del coloso, es un evento para élites y subsegmentos, al menos solventemente clasemedieros. Si sucede en la calle, se convierte en justicia territorial. El evento puede detonar una política pública de proximidad.
Alejados de la polarización, los datos duros de infraestructura sostienen este Mundial afuera del estadio. La modernización integral del Tren Ligero, rebautizado como El Ajolote, ha implicado una inversión de 2 mil 386 millones de pesos para renovar 17 estaciones y duplicar su capacidad a 250 mil usuarios diarios, más del doble de los habitualmente atendidos.
No es sólo logística para el aficionado; es dignidad para el habitante del sur. A esto se suma el Parque Elevado sobre Calzada de Tlalpan, una obra de 2 mil millones de pesos enfocada en convertir una de las arterias más difíciles de la capital, en un corredor de 1.8 kilómetros de áreas verdes y muralismo mundialista.
Clara Brugada propone una población habitando otro Mundial, desde el seno de su propia comunidad. Intenta subvertir la lógica del espectáculo de consumo, para promover su carácter de rito colectivo, física y materialmente accesible.
Dignificación de la infraestructura local y acceso a la práctica y al disfrute del deporte, es marcador de reivindicación social. Romper la barrera como las redes adversarias, es la meta de este equipo de gobierno.

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