A través de los chats de WhatsApp he recibido consejos que me advierten contra los ratones domésticos y, en el extremo opuesto, teorías conspiratorias que acusan a las farmacéuticas, prensa y gobiernos “cómplices”, de querer vender una nueva vacuna mundial. Exageraciones irresponsables en ambos casos. La cepa de hantavirus que causó 3 muertos del crucero MV Hondius es la Andes relacionada originalmente con un ratón arrocero de cola larga (Oligoryzomys longicaudatus) originario de Chile y Argentina.
Escuché recientemente a dos científicas, pero a dos maneras opuestas, de hablar de este asunto. La primera fue una verdadera experta, además de sensata: la directora del Instituto Pasteur, Yasmine Belkaid. Su tono no era alarmista. Reconocía una mala noticia: existe una paciente muy grave en Francia y varios casos contacto permanecen bajo cuarentena tras el brote relacionado con el crucero. Pero también subrayaba una buena: el hantavirus no es un desconocido. La enfermedad se estudia desde hace décadas; se conocen sus reservorios animales, mecanismos de transmisión y patrones epidemiológicos. No estamos ante un virus completamente misterioso, como ocurrió en las primeras semanas del Covid.
La segunda es una polémica científica mexicana que durante la pandemia de Covid cuestionó las vacunas y gran parte de las políticas sanitarias contra el SARS-CoV-2. Ahora, nuevamente, exhibió su sospecha hacia las instituciones convencionales: no sólo las grandes farmacéuticas sino autoridades sanitarias, prensa y verificadores de datos, como si formaran parte de una conspiracionzota para vender vacunas “innecesarias”. No me sorprende que, cuando a esta ponente le falla la transmisión, insinúa que es censura deliberada. Freud sabrá qué onda con ella.

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El hantavirus merece vigilancia, porque no es una simple gripe. En 2018, alrededor de 34 personas se contagiaron en una fiesta de cumpleaños en Epuyén, un pequeño pueblo en la Patagonia. Aquella reunión terminó convirtiéndose en un evento de supercontagio. 11 murieron. Esa tragedia mostró que la cepa Andes del virus ya no encaja en la imagen clásica del hantavirus como enfermedad, exclusivamente transmitida por roedores.
Pero guardemos las proporciones. Los que saben nos dicen que el hantavirus sigue siendo menos contagioso que el Covid. Ni estamos frente a una peste bíblica inevitable que nos deba hacer ver a todos los roedores como el enemigo, ni tampoco ante una conspiración mundial para vendernos vacunas. Entre el apocalipsis y el negacionismo existe todavía un espacio racional. Allí deberíamos permanecer: vigilantes, pero no inquietos.
Si te informas en tus chats de WhatsApp, estimado lector, revisa la fuente de la supuesta información que te comparten. ¿Por qué tendrías que confiar en un mensaje en cadena que no está firmado, ni lleva a la liga en Internet de una institución de salud confiable? Me dirás que no está de más tener máximas precauciones o máximo pensamiento crítico contra las farmacéuticas. Pero difiero en el adjetivo superlativo “máximo”. Mejor escribe ahí “razonable” y ya estamos de acuerdo.

Frentes, frentes, frentes...

