Vaya pifia la que se aventaron las autoridades educativas, federales y locales, con la “finta” de recortar el calendario escolar, so pretexto del Mundial de futbol y las altas temperaturas registradas en diversas regiones del país.
En tiempo de compensación, el jueves pasado, Mario Delgado anunció que el ambiente futbolero y el calorón de los últimos días eran motivos suficientes para ampliar cinco semanas el periodo vacacional de las instituciones de educación básica de todo el país.
De manera instantánea vino un reclamo generalizado por parte de madres y padres de familia y de la sociedad en general —al cual también se sumó la CNTE, curiosamente indignados porque los alumnos no reciban clases cabalmente—, pues la medida era injustificable por donde se le viera: recortaba 40 días de clases, sin reparar en los contenidos que no se impartirían; ponía en aprietos a miles de las familias que tendrían que buscar cómo hacerse cargo de sus hijas e hijos durante más de un mes adicional de inactividad; mañosamente usaba el tema climático, cuando las altas temperaturas se presentan de manera cotidiana en diversos estados; y, realmente, poco abonaba a “vivir” más de cerca un Mundial en el que apenas se juegan 13 partidos en nuestro país, en sólo tres ciudades y en horarios que no interfieren con las clases.

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Y aunque dijeran que la medida había sido aprobada unánimemente por las autoridades educativas estatales, al “VAR” educativo apenas le tomó el fin de semana y una sesión de más de 6 horas de este lunes, para analizar lo que había propuesto y, finalmente, anular la decisión.
Ya una vez echado para atrás, el secretario de Educación —ya no tan unánimemente respaldado— repartió parejo: contra los propios padres y madres de familia, por ver a la escuela como una guardería, más que como un espacio de aprendizaje; contra empresarios y empleadores, por no establecer esquemas laborales que permitan atender las responsabilidades familiares; y hasta contra el propio sistema educativo —que él encabeza—, donde el último mes de clases es pura “jugada de fantasía”, únicamente para cumplir con el calendario.
No hay que olvidar que fue la propia 4T la que extinguió, desde el sexenio pasado, las escuelas de tiempo completo y le dio el puntillazo a las estancias infantiles, argumentando que eran programas caros e innecesarios y que esos cuidados podían trasladarse a las madres dedicadas al hogar o, incluso, a las y los abuelos. Pues ya vimos que no es así.
Pero entre el estira y afloja del fin de semana, tanto Mario Delgado como el oficialismo dejaron sobre la mesa diversos temas de fondo que —por cierto— sí se encuentran facultados como autoridad educativa y mayoría legislativa, para darles solución: tener educación de calidad, establecer un calendario efectivo, mejorar las pésimas instalaciones en las que miles de estudiantes tienen que tomar clase cotidianamente —sin importar el clima— y, también, lidiar con la disidencia magisterial sin poner a la educación básica de todo el país de por medio.
Habiendo enmendado la falta, la CNTE ya podrá marchar en horario laboral y el Gobierno ya podrá hacerle frente a temas tan relevantes como las órdenes de aprehensión contra sus gobernadores o a las indagatorias sobre las operaciones de la CIA en nuestro territorio. Se acabó el recreo.

Frentes, frentes, frentes...

