BAJO SOSPECHA

La piratería mundialista

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

A poco menos de un mes de que arranque la Copa Mundial de la FIFA 2026, México ya enfrenta uno de los mayores problemas alrededor del torneo: la explosión de mercancía pirata. Playeras, gorras, balones, chamarras, termos, llaveros y todo tipo de souvenirs falsificados ya se venden masivamente en Tepito, San Juan de Dios, mercados ambulantes, plazas chinas y tianguis de prácticamente todo el país.

La FIFA lo sabe perfectamente. También lo sabe el gobierno de Estados Unidos. Y lo sabe el Gobierno mexicano. Por eso, desde hace meses, la presión internacional sobre México para combatir la piratería se ha disparado.

No es casualidad que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), junto con la Marina y autoridades capitalinas, hayan realizado decomisos históricos en Tepito. Tampoco es casualidad que las reformas recientes a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Intelectual contemplen multas de hasta 29 millones de pesos para quienes utilicen sin autorización marcas, logos o símbolos relacionados con el Mundial.

Detrás de todo esto están dos factores fundamentales: la presión de la FIFA y los compromisos asumidos por México en el T-MEC.

La FIFA no solamente organiza el torneo deportivo más importante del planeta; controla uno de los negocios de licensing y merchandising más grandes del mundo. El Mundial genera miles de millones de dólares en venta de jerseys, gorras, derechos audiovisuales, publicidad y productos oficiales. Cada playera pirata representa dinero que la FIFA, Adidas, Nike, Puma, patrocinadores y distribuidores dejan de ganar.

Pero el problema para la FIFA es que el Mundial de 2026 se jugará en uno de los países con mayores niveles de piratería del planeta.

México lleva décadas siendo uno de los principales mercados de mercancía ilegal en América Latina. Según cifras de Concanaco-Servytur, la piratería mueve alrededor de 63 mil millones de pesos al año. Y especialistas estiman que rumbo al Mundial el negocio podría dispararse todavía más.

Lo cierto es que detrás de cada camisa pirata que se compra o de cualquier producto copia en el mercado informal hay estructuras criminales enormes que importan, muchas veces, desde Asia, o fabrican estas mercancías y además las distribuyen.

Son las mismas organizaciones criminales que manejan drogas, trata de personas, extorsiones y otros delitos, los que manejan la pirateria.

SIN CONTROL

PLAYERAS MUNDIALISTAS, en un tianguis de la Ciudad de México, en foto de archivo.
PLAYERAS MUNDIALISTAS, en un tianguis de la Ciudad de México, en foto de archivo. ı Foto: Cuartoscuro

Expertos estiman que solamente la mercancía pirata relacionada con el Mundial podría generar varios miles de millones de pesos durante 2026.

La FIFA sabe que México es un país considerado desde hace años uno de los mayores mercados de piratería del mundo.

La piratería es una fuente multimillonaria de ingresos para quienes la venden y, sobre todo, para quien la distribuye, y además, para las autoridades que se hacen de la vista gorda para que estos productos se puedan vender. Existen redes completas de importación ilegal, contrabando, almacenamiento, distribución y protección.

Diversos reportes de inteligencia federal han vinculado históricamente el negocio de la piratería con organizaciones como La Unión Tepito y otras células del crimen organizado dedicadas al contrabando y la extorsión en mercados informales de la Ciudad de México. En otras regiones del país, grupos criminales también participan en el control de plazas comerciales ilegales, rutas de distribución y cobro de piso.

La mercancía apócrifa llega principalmente desde Asia, especialmente desde China. Enormes cargamentos entran al país mediante subvaluación, contrabando o triangulación comercial. Después son distribuidos a centros como Tepito, Guadalajara, Monterrey y mercados regionales.

Los decomisos recientes muestran apenas una pequeña parte del negocio real.

En marzo de este año, el IMPI, junto con la Secretaría de Marina y la Secretaría de Seguridad Ciudadana, realizaron un megaoperativo en Tepito. Fueron asegurados más de 80 mil artículos pirata, alrededor de 25 toneladas de mercancía y productos valuados en más de 15 millones de pesos.

Pero comerciantes y distribuidores reconocieron algo todavía más alarmante: “Esto lo recuperamos con el siguiente pedido”.

La economía informal y criminal en México crece en tiempos del Mundial.

La FIFA presiona porque sabe que México será uno de los principales focos globales de piratería durante el torneo. El gobierno estadounidense también mantiene desde hace años a México bajo observación internacional por violaciones a propiedad intelectual y piratería digital.

Por eso, el T-MEC incluyó compromisos mucho más duros en protección de marcas, derechos audiovisuales y propiedad intelectual. Hoy, incluso influencers, empresas y plataformas digitales pueden ser multados si utilizan contenido relacionado con el Mundial sin autorización oficial.

El IMPI ya anunció el monitoreo de transmisiones ilegales por Internet durante el Mundial.

México se encuentra entre los principales consumidores de streaming pirata deportivo, otro negocio multimillonario que afecta directamente a televisoras, patrocinadores y a la propia FIFA. La realidad es que será prácticamente imposible erradicar la piratería rumbo al Mundial.

México quiere mostrarse ante el mundo como sede de un Mundial moderno, global y exitoso. Pero al mismo tiempo, el torneo exhibirá una de las realidades más profundas del país: la fuerza del mercado informal, la debilidad histórica para combatir la piratería y la enorme capacidad económica de las redes criminales que viven de ella.

La piratería en México no es un fenómeno improvisado. Detrás de las toneladas de mercancía ilegal que hoy se venden rumbo al Mundial existen redes de contrabando, distribución y protección que operan a plena luz del día.

Es imposible imaginar un negocio de tal magnitud sin la participación de grupos delincuenciales y sin distintos niveles de complicidad o tolerancia en las autoridades.

La FIFA puede imponer sanciones económicas millonarias y exigir acciones legales inmediatas cuando detecta uso ilegal de sus marcas, logos, imágenes o mercancía pirata relacionada con el Mundial. Sera difícil que la FIFA le pueda cobrar a las redes criminales, que son las que importan y distribuyen la mercancía.

El problema para la FIFA es que, en México, la piratería opera a gran escala y muchas veces bajo estructuras criminales protegidas o toleradas.

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