ANTROPOCENO

Ultraderecha internacional vs Sheinbaum

Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

La política mexicana empieza a parecerse demasiado a un partido amistoso organizado por la FIFA: árbitro manipulable, VAR (Video Assistant Referee) patrocinado por Elon Musk y ruidosas porras con mochilas guindas de lujo made in Switzerland o playeras rosas donadas por un ciudadano millonario y “filántropo”.

En este estadio globalizado, Claudia Sheinbaum enfrenta algo más complejo que la oposición local: un club trasnacional de influencers libertarios, millonarios con ínfulas de ser Ancelotti y comentaristas a sueldo.

La nueva derecha internacional opera como esas barras futboleras que, aunque apoyen a equipos distintos, se hermanan para romper butacas. Milei en Argentina, Trump en Estados Unidos, Vox en España y ciertos gurús digitales latinoamericanos comparten narrativa, memes, financiamiento y hasta la misma obsesión de combatir un supuesto “marxismo cultural” y un wokismo que explicarían, supuestamente, desde el precio del jitomate hasta la existencia de las personas trans.

Y Sheinbaum es una rival incómoda. No encarna una temible revolución comunista (la elogia nada menos que Slim y defiende al T-MEC), pero sí simboliza una izquierda que se niega a aceptar la subordinación completa al eje atlántico ultraderechista. Para Trump, Milei y Vox, cualquier gobierno que conserve autonomía relativa frente a Washington es una “dictadura bolivariana” a punto de prohibir la propiedad privada y establecer el culto oficial a Huitzilopochtli.

Sin sorpresa, los opositores mexicanos piden ser fichados en esa liga ideológica global. Se sacan foto con Ayuso como si fuera Cristiano Ronaldo. Celebran “invitaciones” a cenas en Mar-A-Lago que pagan gustosos. No hay oposición de izquierda. La oposición no propone nada concreto contra el intervencionismo trumpista.

La contradicción es cómica. Denuncian el populismo, pero viven pendientes de influencers dedicados a hacer política en videos de X, TikTok e Instagram. Hablan de libertad mientras apoyan a gobiernos que quieren perseguir universidades con estudiantes indocumentados y prohibir libros de Foucault o la Escuela de Frankfurt. Critican a Marx Arriaga por panfletario, pero son igual de cuadrados ideológicamente.

Muchos opinadores mexicanos observan a Trump con admiración táctica, como aficionados fascinados por un equipo extranjero. Y, desde luego, Morena tiene contradicciones evidentes (casos de corrupción e incompetencia), pero ¿la alternativa puede ser una oposición que está más interesada en ganar aplausos en Washington o de la alcaldesa de Madrid que en construir un proyecto nacional?

En el futbol global contemporáneo ya nadie distingue entre política, negocios, propaganda y espectáculo. Y la ultraderecha internacional entendió antes que nadie que las elecciones modernas se juegan como finales de la Champions: con marketing, algoritmos cortesía de Elon Musk, barras bravas (hooligans, decíamos antes) y multimillonarios como orgullosos patrocinadores.

Del otro lado, el parado táctico de Sheinbaum consiste en afirmar que ella es lo mismo que AMLO, que son uno. Pero cualquiera que sepa de alineaciones notará que es una estratega mucho más técnica.

Temas:

Google Reviews