BAJO SOSPECHA

“Los colores en una ciudad dan seguridad, orientación y orden”

El arquitecto Felipe Leal estima que el costo de pintar puentes, banquetas y estructuras rumbo al Mundial de Futbol asciende a mil 800 millones de pesos; señala olvido en temas como movilidad, drenaje y pavimentación

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

De un día para otro amanecimos con la Ciudad de México pintada de morado y guinda. Puentes, banquetas, columnas, bajopuentes y estructuras urbanas comenzaron a llenarse de colores, ajolotes y figuras decorativas, como si maquillar la ciudad fuera sinónimo de modernizarla rumbo al Mundial 2026.

El urbanismo serio debe tomar en cuenta movilidad, sustentabilidad, seguridad vial, drenaje, iluminación y rescate de espacios públicos. Pintar indiscriminadamente estructuras y vialidades distrae a los conductores, rompe normas internacionales de señalización y, además, utiliza pinturas contaminantes que afectan el medio ambiente y terminan en el drenaje.

También hay temas básicos de seguridad: puentes peatonales donde no se ve quién viene del otro lado; iluminación mal colocada y una ciudad donde fallan las escaleras eléctricas del Metro, colapsan vialidades y se inundan calles enteras. Esta semana, para La Razón, platicamos con el arquitecto y urbanista Felipe Leal, una de las voces más reconocidas en recuperación de espacios públicos en México.

El urbanista Felipe Leal, el 21 de junio de 2017
El urbanista Felipe Leal, el 21 de junio de 2017 ı Foto: @seminariocultmx

Bibiana Belsasso (BB): Como urbanista, ¿cómo ve los cambios con la pintura en la Ciudad de México?

Felipe Leal (FL): Lo interpreto como un despropósito urbano. Una ciudad no puede gobernarse con ocurrencias estéticas ni con decisiones improvisadas. Lo que estamos viendo no solamente es cuestionable visualmente, también viola normas internacionales de seguridad vial, movilidad y señalización urbana. Los colores en una ciudad no son decoración, tienen funciones específicas relacionadas con seguridad y orientación. Las cebras peatonales, por ejemplo, existen para que puedan cruzar de forma segura.

Cuando conviertes una cebra peatonal en un mural lleno de figuras, ajolotes o alebrijes, lo que haces es generar distracción y sobreestimulación visual. Existen normas nacionales e internacionales muy claras sobre señalización vial y cromatismo urbano. El amarillo se utiliza para advertencia o prevención; el rojo para restricción; el blanco para delimitación y regulación. No puedes simplemente pintar toda una ciudad de lila, morado y amarillo porque políticamente se vea atractivo.

BB: Vemos puentes peatonales pintados de colores muy fuertes.

FL: Y eso también representa un problema de seguridad. Los puentes peatonales y las rejas urbanas normalmente utilizan colores oscuros o neutros, porque permiten transparencia visual. Cuando tú pintas una estructura de colores brillantes y estridentes, el ojo humano registra primero el color y deja de percibir profundidad y visibilidad.

BB: Aumenta el riesgo de accidentes.

FL: Claro. Todo esto funciona como distractor vial. Un conductor debe concentrarse en semáforos, peatones, hospitales, escuelas o señales de tránsito, no en una explosión visual de colores. La señalética urbana existe para ordenar la ciudad. Cuando todo está saturado visualmente, pierdes jerarquías de información.

BB: También hay un tema ambiental.

FL: Gravísimo. La pintura que están utilizando es altamente contaminante. El amarillo de cadmio, por ejemplo, es uno de los pigmentos más tóxicos y costosos. Cada vez que se aplica o se desgasta, libera partículas contaminantes. Y, además, están utilizando pintura de aceite sobre concreto. Eso es un error técnico enorme.

BB: El concreto no se pinta.

FL: Exactamente. El concreto es prácticamente la piedra del siglo XX. Está pensado para envejecer naturalmente. Cuando tú lo pintas, lo condenas a mantenimiento permanente. La pintura se descarapela, pierde intensidad, se desgasta con el sol y la lluvia, y entonces terminas con una ciudad parchada, deteriorada y mucho más sucia visualmente. Después habrá que volver a pintar todo otra vez.

BB: Y justo ahora empieza la temporada de lluvias.

FL: Sí, y en un año esa pintura ya va a verse decolorada y deteriorada. Esto parece una fiesta patronal: arreglar todo unos días para aparentar algo temporal. Pero estamos hablando de una de las ciudades más grandes y complejas del mundo.

BB: ¿Y cuánto podría costar todo esto?

FL: No hay transparencia total sobre las cifras, pero calculando kilómetros pintados, puentes, parapetos y estructuras, podríamos hablar fácilmente de alrededor de mil 800 millones de pesos. Cuando trabajamos en la recuperación de la Alameda Central, Madero peatonal, Plaza de la República o el entorno de la Basílica, se invirtieron muchos menos recursos y esas obras sí transformaron la ciudad.

BB: Y el gasto en la pintura terminará en el drenaje.

FL: Claro. Porque la pintura de aceite se desgasta y termina contaminando agua y drenajes. Pero el problema de fondo es otro: pareciera que la autoridad cree que la ciudad le pertenece. Y no. Los gobiernos son administradores temporales.

BB: Se colocaron luminarias moradas sobre avenidas ya iluminadas.

FL: Y eso demuestra improvisación. La iluminación urbana tiene normas técnicas. Una mala iluminación puede deslumbrar a peatones y automovilistas. En Insurgentes, por ejemplo, colocaron luminarias moradas debajo de ya existentes. Eso no mejora la seguridad ni la movilidad; simplemente genera contaminación visual y gasto innecesario.

BB: ¿Le inquieta que haya más preocupación por maquillar la ciudad que por resolver problemas reales?

FL: Muchísimo. Porque mientras se gastan millones en pintura, la ciudad sigue teniendo problemas gravísimos de movilidad, drenaje y seguridad peatonal. El Metro tiene escaleras eléctricas fuera de servicio, banquetas rotas, inundaciones constantes, cruceros mal señalizados y puentes deteriorados.

BB: Y parece que la Ciudad de México no está preparada para el Mundial.

FL: Por supuesto. Todas las ciudades que organizan Juegos Olímpicos o Mundiales comienzan a prepararse muchos años antes con proyectos integrales de movilidad. Aquí parece que la solución será pedirle a la gente que trabaje desde casa o cerrar algunas calles temporalmente. Eso no es planeación urbana. La ciudad ya está colapsada cotidianamente. Ya prácticamente no existen horas pico: el tráfico es permanente.

BB: ¿Qué tendría que haberse hecho?

FL: Invertir en infraestructura peatonal, drenaje, pavimentación, accesibilidad, transporte público y mantenimiento urbano. El Mundial era una oportunidad para modernizar la ciudad.

BB: También habla usted de una pérdida de sobriedad urbana.

FL: Sí. Una ciudad necesita identidad, pero también equilibrio visual y funcionalidad. Aquí estamos viendo criterios improvisados que convierten la ciudad en una especie de feria visual. Estamos viendo ocurrencias sin planeación urbana ni visión técnica.

BB: ¿Qué es lo que más le preocupa de esta nueva estética en la CDMX?

FL: No estamos hablando de gustos personales, sino de normas urbanas, seguridad vial y funcionalidad de una ciudad. La crítica viene de urbanistas, arquitectos, académicos y ciudadanos. La CDMX merece planeación, especialistas y visión de largo plazo. No con pintura que ni siquiera es una solución a mediano plazo.

Temas:

Google Reviews