MARCAJE PERSONAL

Los magistrados electorales perpetuos

Julián Andrade<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Los magistrados electorales podrán reelegirse. Es un incentivo perverso, pero bien calculado. La disposición de que los integrantes de la Sala Superior del TEPJF tuvieran un encargo con fecha de caducidad y que fueran inamovibles tenía el objetivo de dotarlos de la mayor independencia.

Desde 2016 se amplió el periodo de algunos de los integrantes de la Sala Superior, lo que con el tiempo resultó contraproducente, pero los diputados de Morena y sus aliados decidieron transitar a lo inaudito: en las elecciones de 2028 podrán contender Mónica Soto, Felipe de la Mata, Felipe Fuentes Barrera y Reyes Rodríguez Mondragón.

Se dirá que tienen que pasar por la prueba de las urnas, pero los tristes o nulos estándares democráticos de las elecciones de 2025 pusieron por los suelos cualquier esperanza de que la designación de jueces sea una buena idea.

Y ahí está la trampa o la audacia, como se prefiera. Si alguno de los magistrados quiere prolongar su estancia en el cargo, tendrá que hacer méritos con quienes pueden respaldarlos en las urnas.

Ellos conocen hasta las entrañas de lo que ocurrió en la elección de ministros, magistrados y jueces, por lo que tienen una valoración bastante acertada de lo que significará estar o no estar incluidos en los acordeones, sí, esos papelitos que nadie sabe quién elaboró, pero que mágicamente coincidieron con las aspiraciones de quienes planearon el debilitamiento del Poder Judicial.

Una de las razones para no elegir por votación popular a los juzgadores tiene mucho que ver con no exponerlos a presiones de grupos de interés, pero también para que no cambien el rigor de sus sentencias por el aplauso en las gradas, porque desde ahí los califican quienes sufragarán, eventualmente, por ellos.

Pero si esto es delicado en juzgados y tribunales tradicionales, puede resultar explosivo cuando se trata de la autoridad que, entre otras cosas, califica la elección presidencial.

El TEPJF tiene la misión de pacificar la disputa por el poder político, cuidando la calidad de la democracia y protegiendo el voto de los ciudadanos, premisas, todas ellas, que quedarán en entredicho.

La reforma es tan absurda y riesgosa, que hasta los de casa están preocupados; 22 legisladores de Morena optaron por abstenerse de votar por la disposición que abre la puerta a la perpetuidad de los magistrados electorales y, como señaló con tino el vicecoordinador de la mayoría en San Lázaro, el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar, exponen a su movimiento “al ridículo”. Toda la razón, pero la vergüenza dejó de aplicar o preocupar hace tiempo.

En 2027, el próximo año, los magistrados de la Sala Superior se ocuparán de múltiples quejas de partidos y ciudadanos, son la última instancia de decisión sobre las disputas electorales, pero a partir de ahora son potenciales candidatos para continuar en sus cargos. Y, por cierto, hay que sumar toda la batería de cambios adicionales que pintan un panorama sombrío. ¿Qué puede salir mal?

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