EU nunca deja de ser un imperio. Es su historia, su presente y eventualmente su futuro. Se mete en todos lados, y si bien algunos presidentes se manejan con prudencia y discreción, otros, como es el caso de Trump, arrebatan.
El presidente se ha metido en todos los lugares en los que ha podido, particularmente en América Latina. Lo ha hecho para intentar cambiar presidentes o para influir en los procesos electorales.
La Presidenta tiene razón. La posibilidad de una intromisión extranjera distinta de la que hemos vivido a lo largo de los últimos procesos electorales es posible, no sería la primera vez.
No hay manera de saber lo que pudiera ocurrírsele en caso de que se quiera meter en las elecciones mexicanas. A diferencia de lo que sucede con otras naciones, con México existe una relación de mutua dependencia, a lo que hay que sumar temas particularmente sensibles, como la seguridad y uno de los grandes ejes, el T-MEC. Es probable que en este tema esté concentrada buena parte de la estrategia del presidente.
La mandataria tiene en el eje de su narrativa, desde hace algunas semanas, el tema de la soberanía. Lo echó a andar fundamentalmente por lo que pasó en Chihuahua, lo cual le sirvió para remitir contra la gobernadora, panista, y por la acusación en contra de 10 altos funcionarios, entre ellos, el gobernador de Sinaloa.
La 4T ha tenido desde siempre un discurso “antiimperialista”, herencia de la izquierda a pesar de que no necesariamente se puede ubicar a Morena bajo esa perspectiva. La Presidenta se mueve bajo estos derroteros, es evidente que se siente cómoda y no le cuesta trabajo. Su narrativa, además de servir al interior, se identifica con los suyos al tiempo que intenta de alguna manera no dejar pasar lo que EU viene haciendo, no sólo en México.
Lo que está sucediendo, es que en un mundo más interrelacionado y cada vez más interdependiente, los elementos que en otro tiempo acompañaban el concepto de soberanía han venido adquiriendo otra dimensión.
El mundo se vigila a través de un conjunto de mecanismos que incluyen a organismos internacionales reconocidos. Los derechos humanos se atienden, se presume en cada país, pero es un hecho que existe una atención, en algún sentido “vigilancia”, que coloca la observación externa de las sociedades como un mecanismo que busque equilibrios más allá de la convivencia.
Los procesos electorales son creados, administrados y organizados por los países. En torno a ellos existen organismos internacionales que se convierten en observadores de los procesos.
No sólo estamos en esta saludable participación, los organismos internacionales han sido un factor clave que ha logrado que las sociedades puedan tener procesos internos evaluados también del exterior de tal manera que todo aquello que rompa los equilibrios democráticos de alguna forma puedan ser evaluados, y en su caso tomar acciones que obliguen a los gobiernos a revisar las posibles irregularidades.
La soberanía se transforma, pero no pierde sus esencias. Crear leyes y reglamentos para sancionar la participación desde el exterior de los procesos electorales mexicanos es un tema que difícilmente podrá tener consensos por más que lo aprueben.
Están creando mecanismos en los que no queda claro cómo se van a instrumentar las cosas porque en un mundo intercomunicado la información puede venir de cualquier lado y ello, por lo que están legislando, podría ser causa de anulación de las elecciones. Sumemos que una comisión a modo será la que se encargue del qué sí y qué no.
Nos seguimos encartando, creando mecanismos para cerrar las puertas más que para abrirlas. Es la concentración del poder que está muy lejos de lo que dicen que querían ser para gobernar; siguen cerrando puertas y sólo ellos tienen las llaves.
RESQUICIOS.
Vale la pena recuperar lo que dijo el primer ministro de Canadá cuando habló de las negociaciones del T-MEC: queremos ser socios, no sus empleados.
Despilfarros en Morena
