“Morena le devolvió a la CNTE el poder que había perdido”.
Mientras la CNTE vuelve a paralizar calles, bloquear vialidades y presionar al Gobierno federal a unos días del inicio del Mundial, vale la pena preguntarse cómo llegó a acumular tanto poder. ¿Qué ocurrió con la reforma educativa que buscaba limitar la influencia de los líderes sindicales? ¿Quiénes y cómo fortalecieron nuevamente a la coordinadora?
Esta semana, para La Razón, platiqué con Aurelio Nuño, exsecretario de Educación Pública y profesor visitante en la Universidad de Harvard, quien asegura que el problema que hoy enfrenta Morena es consecuencia de sus decisiones.

Bibiana Belsasso (BB): Aurelio, hemos visto cómo la CNTE ha intensificado sus protestas a días del Mundial. ¿Cómo funciona realmente y cómo ha evolucionado en todos estos años?
Aurelio Nuño (AN): La coordinadora nace en 1979 como un movimiento que originalmente buscaba reivindicaciones legítimas. Pedían mejores salarios para maestros, democracia sindical y terminar con el control que ejercían líderes del SNTE sobre la vida profesional de los docentes. En aquel momento, los dirigentes sindicales decidían quién obtenía una plaza, era promovido, cambiaba de escuela y recibía mejores condiciones laborales.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la CNTE terminó reproduciendo exactamente aquello contra lo que originalmente se había levantado. Conforme fue adquiriendo poder en distintos estados del país, construyó un sistema corporativo y clientelar muy parecido al que criticaba.
BB: ¿A qué te refieres cuando hablas de un sistema clientelar?
AN: A una lógica que se repite constantemente: movilización, negociación y nueva movilización. La coordinadora presiona a los gobiernos mediante marchas, bloqueos y plantones. Una vez que obtiene una mesa de negociación, consigue más recursos, más espacios de control o más privilegios. Después hace un repliegue táctico y, una vez fortalecida, vuelve a movilizarse para exigir todavía más.
Lo más grave es que los líderes de la coordinadora terminaron controlando la vida profesional de los maestros. En muchos lugares controlan ingresos, promociones y cambios de adscripción. Incluso utilizan mecanismos de presión para obligarlos a participar en movilizaciones.
BB: ¿Cómo son esos mecanismos?
AN: Utilizan algo conocido como cartilla sindical. A través de ella registran la asistencia a marchas y movilizaciones. Si un docente no cumple con determinados porcentajes de participación, puede verse afectado cuando busca una promoción o un cambio de escuela.
BB: Tú impulsaste la reforma educativa con Peña Nieto. ¿Qué cambió?
AN: Lo que hicimos fue quitarles a los sindicatos ese control sobre la carrera docente. Creamos el Servicio Profesional Docente para que los ingresos, promociones y ascensos se obtuvieran mediante concursos y evaluaciones. La idea era que los maestros avanzaran por mérito, por preparación y por desempeño, no por obedecer instrucciones sindicales. El maestro ya no dependía de un líder sindical, sino de su trabajo en el aula.
BB: ¿La reforma logró debilitar el poder de la CNTE?
AN: Sí. Los datos son muy claros. En 2012, cuando comenzó la reforma, la coordinadora tenía capacidad para movilizar a alrededor de 80 mil maestros y mantenerlos durante meses en la Ciudad de México. Conforme avanzó y fueron perdiendo control sobre las plazas y promociones, su capacidad de movilización disminuyó. Para 2018, ya sólo podían movilizar alrededor de 10 mil maestros. Habían perdido gran parte de su capacidad de presión, porque ya no controlaban la vida profesional de los docentes.
BB: ¿Qué ocurrió después?
AN: El gobierno de Andrés Manuel López Obrador decidió revertir la reforma educativa. Les devolvió a los líderes sindicales buena parte de los controles que habían perdido. Recuperaron influencia sobre ingresos, promociones y movimientos. Eso les permitió reconstruir su capacidad de movilización y recuperar poder político. Morena encontró en la CNTE un aliado electoral importante y le devolvió herramientas que habían perdido.
BB: ¿Quiénes perdieron?
AN: Los maestros. Perdieron la posibilidad de construir una carrera profesional basada en el mérito y la libertad. Volvieron a depender de estructuras sindicales para aspirar a crecer profesionalmente. Además, se debilitó la calidad educativa. Un maestro debería estar concentrado en enseñar, en prepararse y en mejorar profesionalmente, no en participar en marchas para conservar oportunidades laborales.
BB: Hoy vemos a la CNTE presionando al Gobierno. ¿Por qué ocurre?
AN: Porque la lógica de la coordinadora siempre ha sido la misma. Aunque hayan sido aliados de Morena, siempre buscan obtener más. López Obrador les entregó mucho al echar atrás la reforma, pero esa lealtad no se la deben a la Presidenta Sheinbaum. Por eso vemos estas movilizaciones en vísperas del Mundial. Saben que el Gobierno enfrenta una enorme presión y buscan aprovechar para aumentar su capacidad de negociación.
BB: ¿Existe el riesgo de que las protestas afecten el Mundial?
AN: Sí, existe. Si no se alcanza un acuerdo, podríamos ver movilizaciones durante el torneo. Nadie sabe hasta dónde podrían escalar.
BB: Otro tema polémico son los libros de texto y la participación de personajes como Marx Arriaga.
AN: Lo que refleja todo esto es una visión profundamente equivocada sobre la educación. Primero, se destruyó la carrera profesional docente. Después, se impulsaron materiales educativos y se eliminaron programas que sí funcionaban.
BB: Como las escuelas de tiempo completo.
AN: Exactamente. Las escuelas de tiempo completo eran una política pública exitosa. Llegamos a tener cerca de 25 mil escuelas de este tipo que beneficiaban a casi cuatro millones de alumnos. Los estudios de Unicef, del Banco Mundial y de diversos organismos demostraban que los estudiantes aprendían más, tenían mejor alimentación y que las madres de familia podían incorporarse con mayor facilidad al mercado laboral. Pero se eliminaron.
BB: ¿Cuál es la lógica detrás de todas estas decisiones?
AN: Cuando observas el conjunto completo, ves una tendencia muy clara: debilitamiento de la carrera docente, eliminación de escuelas de tiempo completo, reducción de recursos para universidades públicas y materiales educativos cuestionados. El resultado es una educación que genera más dependencia y menos oportunidades de movilidad social. Aumenta la desigualdad, porque quienes tienen acceso a escuelas privadas siguen contando con mejores condiciones educativas.
BB: Muchos políticos que impulsaron estos cambios en la educación envían a sus hijos a escuelas privadas.
AN: Creo que ahí es donde se vuelve más evidente el doble discurso. Los hijos de muchos políticos de Morena estudian en escuelas particulares donde sí tienen jornadas completas, donde maestros no están sometidos al sindicato y donde no utilizan los nuevos libros de texto.
Sin embargo, para millones de niños que asisten a escuelas públicas, eliminaron las escuelas de tiempo completo, devolvieron poder a los líderes sindicales y aplicaron materiales educativos que han sido ampliamente cuestionados.
Quienes toman las decisiones para la educación pública no aplican esas mismas decisiones en sus hijos. Al final, esto termina ampliando las desigualdades y generando una brecha cada vez mayor entre quienes pueden pagar una educación privada y quienes dependen exclusivamente de la educación pública.
BB: ¿Cuál es el principal riesgo para el futuro?
AN: Que estamos viviendo un retroceso educativo muy serio. Cuando se debilita la educación pública, se debilita el futuro del país. Y eso es lo más preocupante de todo: que las decisiones tomadas en los últimos años tienen consecuencias políticas y afectan directamente a millones de jóvenes que dependen de la educación pública para construir su futuro.

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