ACORDES INTERNACIONALES

Expediente Irán. Una paz a tres cerraduras

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

La paz entre Estados Unidos e Irán ya no se define en una firma, sino en una cerrajería. El Memorándum de Entendimiento no solucionó el conflicto, solo lo trasladó del campo de batalla al de los permisos, las rutas marítimas, las inspecciones y las excepciones petroleras. Lo que parecía un desenlace es, en rigor, un cambio de lenguaje. La guerra continúa por otros medios —los del derecho administrativo de la coacción— y la pregunta central sigue abierta: quién controla la implementación cuando cada actor lee la paz como prórroga de la guerra.

La primera cerradura es Ormuz. El estrecho no está cerrado; está restringido por el riesgo, que es una forma distinta de cierre. CENTCOM reportó que el 20 de junio cruzaron 55 buques mercantes con más de 17 millones de barriles; un día después, Reuters, con datos de Kpler, contabilizó apenas cinco frente a los 26 de la víspera. La oscilación no es una anécdota estadística; más bien mide el tránsito de una reapertura política a una navegación tutelada por minas, escoltas, seguros y autorizaciones. El Joint Maritime Information Center bajó la amenaza a “moderada”, pero recomendó esquivar el esquema internacional de separación de tráfico y bordear por aguas omaníes. A pesar de Memorándum, la normalidad no ha vuelto.

La segunda cerradura es el átomo, y se negocia en Suiza. En Bürgenstock, con mediación de Qatar y Pakistán, Washington sentó a J.D. Vance, Steve Witkoff y Jared Kushner; Teherán, a Mohammad Bagher Ghalibaf y Abbas Araghchi. Axios describió el arranque de una negociación de sesenta días para acotar el programa nuclear. Pero Irán invirtió el orden: antes de admitir inspecciones del OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) o límites técnicos, exigió el cumplimiento previo del MoU: alivio petrolero y acceso a sus recursos financieros. No negociarán el uranio hasta haber cobrado la paz.

La tercera cerradura es Líbano, y es la que puede hacer saltar las otras dos. Para Irán, el cese “en todos los frentes” comprende a Hezbollah; para Israel, su libertad de acción contra Hezbollah y contra el programa nuclear no puede subordinarse a una mesa ajena. Estados Unidos negocia arquitectura regional; Israel preserva margen militar; Irán convierte cada ataque en prueba de mala fe. La asimetría es la falla geológica del acuerdo.

Lo que cierra las tres a la vez es la doble voz iraní. La Cancillería niega el cierre de Ormuz y promete, conforme al MoU, garantizar el paso seguro; la Guardia Revolucionaria vuelve a esgrimir el estrecho como palanca y lo ata a las violaciones israelíes en Líbano. Una mano firma; la otra administra el costo de incumplir. Esa ambigüedad es la forma típica iraní de negociación.

El mercado lo leyó sin anestesia. El Brent subió hacia los 81 dólares y el WTI a 78.62, no porque la guerra haya regresado, sino porque cada negociación tropieza con una cerradura distinta. La paz no aguarda una firma, sino el día en que abrir cueste menos que seguir cerrado.

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