Imagínate a Trump leyendo la siguiente frase: un museo dedicado a la hispanidad en Estados Unidos de América recibe más de 7 millones de dólares del Estado.
La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, a través del Fondo de Proyectos de Capital del Consejo de las Artes del Estado de Nueva York (New York State Council on the Arts) destinó 7 millones 254 mil dólares a la Hispanic Society of America, presupuesto con el que se pretende restaurar el Edificio Norte y un muro de contención.
Si bien este fondo financió a 132 proyectos de Nueva York, hay que destacar que, al revisar la lista, este museo fue el que más presupuesto recibió.

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Esta noticia logró que abriera los ojos con gran sorpresa. Primero, porque los trabajos de restauración suelen ser esporádicos; segundo, por la cantidad que se le asignó –y no porque sea exagerada, sino porque generalmente a la cultura se le regatea (no importa en qué parte del mundo estemos)—; y tercero, por la carga política que contiene esta decisión.
Kathy Hochul y Donald Trump han mantenido un choque que es imposible de negar, especialmente en temas de migración.
Y aunque el museo no trata particularmente sobre la migración, sí enaltece la hispanidad y lo que esta implica. Un tema que, sabemos, no es el favorito de Trump.
El museo fue inaugurado oficialmente en 1908 por Archer Milton Huntington (heredero de Collis P. Huntington, uno de los grandes magnates del ferrocarril e industriales del siglo XIX) con el fin de contribuir al “fomento del estudio de las lenguas, la literatura y la historia española y portuguesa, así como al fomento del estudio de los países donde se habla o se ha hablado español y portugués”, señala la página oficial del museo.
Archer Milton Huntington concebía el mundo hispánico como un gran tapiz donde se entrelazan el pasado árabe, judío, cristiano y los pueblos originarios de América Latina. Archer aprendió español y árabe ¿Qué estará pensando Trump?
El proyecto del entonces joven Archer se desarrolló en un momento en el que España y Estados Unidos no se llevaban bien: en1898 estalló la Guerra Hispano-Estadounidense (o Guerra de Cuba), mediante la cual España perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.
España quedó tremendamente afectada, no sólo territorialmente; los prejuicios salieron a flote. Mientras tanto, el joven Archer estaba absorto por esta cultura. Coleccionaba literatura, pintura, esculturas y antigüedades; todo aquello que lo pudiera acercar a conocer el mundo hispano. Obras de El Greco, Velázquez, Sorolla y Goya robustecieron su acervo. Un momento tenso para coleccionar hispanidad.
¿Acaso no crees que se burlaban de él? El 1 de enero de 1891 visitó con su padre el American Museum of Natural History; ahí se encontraron con el banquero y filántropo Morris Ketchum Jesup, entonces presidente del museo. Archer le contó sus inquietudes y la crítica resonó con un: es una civilización “muerta y acabada”.
Su inauguración llegó, pero no solo se abrió un espacio que exhibía objetos preciosos. Abrió un museo con vocación de estudio, preservación, divulgación y provocación. Provocación a replantear prejuicios y construir puentes culturales.
Ciento dieciocho años después, el museo continúa con esta consigna, pero ahora con aliados, porque como un acto poético de la vida quedó entre los brazos de dos barrios que han sido racializados y discriminados: Washington Heights, conocido por su fuerte identidad dominicana y latina, y Hamilton Heights/Harlem, con una comunidad afroamericana e hispana. La decisión de Hochul no fue fortuita.
Este museo seguirá el proyecto de un niño de 12 años que un día escribió: “Creo que un museo es la cosa más importante del mundo. Me gustaría vivir en uno”, y que en una cena de Gala en el Castillo de Chapultepec tomó la decisión de crear un museo que estudiara y preservara la hispanidad de América. Solo queda una pregunta: ¿qué exposiciones vamos encontrar en el Edificio Norte?

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