La mayoría de los aficionados al futbol en México —no por una correcta medición demoscópica, sino por un sondeo parcial y precario— no quedaron defraudados por el desempeño del equipo nacional antes de que el “y si sí” saliera del grupo, tampoco por el empeño mostrado hasta el último segundo del juego ante Inglaterra. Vendrán análisis de quienes saben, y de quienes no, también.
El mini Mundial mexicano nos deja mucha nota por revisar. ¿Estuvo el país listo y a la altura de un compromiso contraído hace ocho años? La gente sí. Los gobiernos no. La gestión de la obra pública, los presupuestos para infraestructura, más allá del torneo, expusieron una vez más que a nosotros nos gusta la grilla y nos apasiona la contienda, luego ya eso de administrar con talento, no tanto.
Mucho ambiente para tan pocos partidos. Boletos a precios récord, el Mundial en México fue el más fifí de los eventos masivos. Entonces, el tan cacareado y poco explicado “Mundial social” terminó siendo, básicamente, festivales de aficionados en las plazas públicas y avenidas emblemáticas. Euforia descontrolada y reveladora. Licencia para vandalizar en nombre de la alegría y para agredir so pretexto del desmadre. A pobres o ricos por igual, el cobre les salió a relucir.
Una inédita marea humana que mató a cuatro personas en el penúltimo juego de México ante Ecuador. Alarma y susto oficiales. ¿Cómo encauzar o domar a un tsunami que las propias autoridades promovieron y alentaron con más pantallas, música y festejos de gorrita?
No sé qué piense usted, pero en el desánimo ante la derrota, algún suspiro de alivio habrán exhalado en el Ayuntamiento frente al Zócalo; así, el desenfreno fue cancelado por una intratable Inglaterra.
Llega el momento de revisar si las inconclusas obras públicas, caras o carísimas, realmente van a mejorar la vida diaria de millones. Tenemos un mejor Sistema de Transporte Colectivo Metro, con estaciones más seguras y eficientes, más revolución ciclista en pos de la sostenibilidad urbana, un mejor flujo vial para autos y transporte público, más apropiación social de los eventos globales que nos caen, todas, interrogantes necesarias.
Ido de México el mundialito, nos queda la CNTE y los 800 milloncitos que se embolsaron para hacer más nueva escuela mexicana. Nos quedan las y los desaparecidos, cuyas madres buscadoras denuncian mil 200 nuevas tragedias en lo que va del torneo.
Amanecemos con la presión de un T-MEC bajo asedio politiquero de Donald Trump, poniendo en dolorosa pausa inversiones productivas de largo horizonte.
Nos queda la gravísima incógnita sobre cómo llegó El Mayo Zambada a Estados Unidos desde donde el próximo 20 de julio, al día siguiente de la gran final futbolera, habrá de tener audiencia ante un juez. El Mayo accedió a colaborar, pero no a delatar, testigo protegido no será epitafio en su celda o tumba, que son equivalentes.
Acá de vuelta la disputa entre popularidad, propaganda y apetitos por el poder y la implosión del crimen organizado de cara al 2027. Vaya cruda.
Se acordaron de El Mayo
