En poco más de dos semanas, el próximo 25 de julio, se cumplirán dos años de uno de los hechos más importantes en la historia reciente del narcotráfico en México: la caída de Ismael El Mayo Zambada, el hombre que durante más de cuatro décadas logró mantenerse prófugo de la justicia.
Ese día, El Mayo llegó al aeropuerto de Santa Teresa, en Nuevo México, acompañado por Joaquín Guzmán López, uno de los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán. Desde entonces comenzaron las especulaciones. ¿Había sido una entrega voluntaria? ¿Lo habían traicionado? ¿Lo habían secuestrado? ¿Estados Unidos había participado directamente? ¿Qué tanto sabía el Gobierno mexicano?
En Todo Personal, de ADN40, y en este espacio, desde entonces hablamos de que muy probablemente la llegada de El Mayo a Estados Unidos pudiera haber sido una operación encubierta del FBI. En ese entonces se trató de minimizar ese hecho.

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SIGUE LA INCÓGNITA

No parecía lógico pensar que el narcotraficante más importante de México, el único gran capo histórico que nunca había pisado una cárcel, simplemente hubiera aparecido en Nuevo México sin que existiera una planeación previa de las agencias federales.
Durante meses se intentó minimizar la participación de las autoridades estadounidenses. Desde México se insistió en que no había información suficiente para reconstruir exactamente lo ocurrido y que Washington debía explicar cómo había llegado el histórico líder del Cártel de Sinaloa a territorio estadounidense.
Sin embargo, poco a poco han ido apareciendo elementos que confirman lo que desde el primer momento parecía evidente: la captura de El Mayo fue resultado de una operación encubierta del FBI. La semana pasada llegó la confirmación de que, en efecto, el FBI había logrado la captura de El Mayo Zambada a través de acuerdos con el hijo de El Chapo Guzmán.
El FBI entregó a un museo aeronáutico en Nuevo México la avioneta en la que llegaron Ismael Zambada y Joaquín Guzmán López a Santa Teresa. La aeronave permanecerá en exhibición durante dos años, como parte de una muestra dedicada al trabajo de las fuerzas del orden estadounidenses.
Y es que el mensaje es claro: las agencias de seguridad no convierten cualquier operativo en una pieza de museo. Cuando una institución decide exhibir un vehículo, un avión o un objeto relacionado con una investigación, normalmente busca enviar un mensaje: ésta fue una operación importante y queremos que el público conozca el trabajo que realizó la agencia.
Durante mucho tiempo hubo quienes sostuvieron que el FBI únicamente recibió a El Mayo cuando éste ya había llegado a Estados Unidos. Hoy esa explicación pierde fuerza. Al exhibir públicamente la aeronave y presentarla como parte de la historia de la institución, el propio FBI está reconociendo, de manera implícita, pero muy clara, que aquélla fue una operación de la que se siente orgulloso.
Por un lado, Ismael Zambada llevaba más de 40 años operando prácticamente con absoluta impunidad. Era uno de los hombres más buscados por la DEA, el FBI y el Departamento de Justicia. Su captura había fracasado durante décadas. Por otro lado, en Washington existía una creciente desconfianza hacia la estrategia de seguridad mexicana.
La operación ocurrió durante la administración de Joe Biden. La decisión de actuar de esa manera no respondió únicamente al cambio de gobierno en Estados Unidos, sino a un deterioro progresivo de la confianza entre ambos países en materia de combate al narcotráfico.
Mientras tanto, en México seguimos prácticamente en el mismo punto en el que estábamos hace dos años. Esta semana, durante la conferencia matutina, el Gobierno federal presentó un informe sobre la captura de El Mayo. Se había generado expectativa porque se anunció que finalmente se explicaría qué ocurrió aquel 25 de julio. Pero no se presentó información nueva ni concluyente, ni se habló de los resultados de las investigaciones. Se dijo que la Fiscalía General de la República daría una conferencia más adelante explicando los detalles.
Desde la conferencia matutina se volvió a insistir en pedir explicaciones a Estados Unidos y se planteó una narrativa según la cual Washington habría favorecido a la facción de Los Chapitos en contra del grupo de El Mayo Zambada.
Lo cierto es que Estados Unidos no necesita favorecer a una organización criminal sobre otra. Lo que ha hecho durante años ha sido construir casos judiciales a partir de colaboradores protegidos. Pero, además, en estos días El Mayo se declaró culpable, a través de su abogado Frank Pérez, pidiendo solamente ingresar a una prisión que tuviera facilidades médicas. Ni siquiera solicitó una reducción de su condena.
No es casualidad que el abogado de El Mayo sea precisamente Frank Pérez. Es el mismo que también representó legalmente a su hijo, Jesús Vicente Zambada Niebla, El Vicentillo, quien fue detenido en México en 2009 y posteriormente extraditado a Estados Unidos.
Enfrentaba una posible condena de cadena perpetua, pero aceptó colaborar con las autoridades estadounidenses. Su cooperación fue considerada tan importante que terminó convirtiéndose en uno de los testigos principales durante el juicio de Joaquín El Chapo Guzmán.
Gracias a esa colaboración obtuvo una reducción muy importante de su condena y hoy ya se encuentra en libertad.
Las autoridades estadounidenses nunca han revelado oficialmente dónde vive. Se cree que permanece bajo un programa de protección de testigos junto con parte de su familia.
Eso permite imaginar el enorme valor que tuvo la información que proporcionó, así como la de muchos de los otros testigos que ya están colaborando con las autoridades estadounidenses. Antes de ser trasladado a Estados Unidos, Ismael Zambada concedió una entrevista en la que habló de Vicente con enorme afecto. Incluso, mostró orgullosamente algunas pinturas realizadas por su hijo durante su estancia en prisión.
Y ahora el padre acepta su culpabilidad y busca únicamente garantizar condiciones médicas adecuadas para cumplir el resto de su vida en una prisión estadounidense.
Mientras tanto, en México la discusión parece dirigirse hacia otro lado.
Durante la conferencia matutina se insistió nuevamente en responsabilizar a los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto de haber mantenido vínculos con organizaciones criminales.
La pregunta que nos hacemos es: ¿qué ocurrió entre 2018 y 2024? Porque fue durante ese periodo cuando Ismael Zambada siguió viviendo y operando desde México, hasta que terminó siendo trasladado a Estados Unidos mediante una operación que hoy el propio FBI presume públicamente como uno de sus éxitos.
Dos años después seguimos sin saber con precisión qué ocurrió ese 25 de julio en Culiacán; seguimos sin conocer quiénes participaron; seguimos sin saber qué papel desempeñaron las autoridades mexicanas. De lo que sí hay certeza es de que Estados Unidos ya convirtió aquella operación en una pieza de museo.

El nudo interminable

