PESOS Y CONTRAPESOS

Apología de la deflación (3/5)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La deflación implica que, al paso del tiempo, con la misma cantidad de dinero, se compra una cantidad mayor de los mismos bienes y servicios, lo cual, ceteris paribus, es condición necesaria para minimizar la escasez y maximizar el bienestar. Sí, ceteris paribus, es decir, todo lo demás constante. El problema es que, todo lo demás, comenzando por la producción, los empleos y los ingresos, no permanece constante. Todo lo demás puede empeorar o mejorar. Hay que distinguir la mala deflación, que expliqué en el anterior Pesos y Contrapesos, de la buena, que explico en éste.

La demanda agregada es la suma de la demanda por bienes y servicios de las familias, las empresas, el gobierno y los extranjeros, medida en dinero. La oferta agregada es la suma de la oferta de los bienes y servicios producidos en el país, más los importados, menos los exportados, medida en dinero.

Supongamos que, por el aumento del 50% en las inversiones directas, que producen bienes y servicios, la oferta de satisfactores producidos en el país aumenta, por lo que, ceteris paribus, aumenta la oferta agregada. ¿Qué pasará con los precios? Bajarán, por lo que aumentará el poder adquisitivo del dinero, lo cual, ceteris paribus, es bueno: con la misma cantidad de dinero se compra una mayor cantidad de los mismos bienes y servicios. Menos escasez. Mayor bienestar. Lo bueno es que, para bien, no se cumple el ceteris paribus. ¿Qué pasará con el empleo? Si aumenta la cantidad producida y ofrecida de satisfactores se crearán más empleos. Bueno. ¿Qué pasará con el ingreso? Si se crean más empleos se generará más ingreso. Bueno. ¿Y cuál será la consecuencia de más empleos e ingresos? Mayor cantidad demandada de bienes y servicios, con menores precios, bueno; con más producción y oferta de bienes y servicios, bueno; con más empleo, bueno; con más ingreso, bueno. En este caso la deflación va acompañada de más producción y oferta, más empleo y más ingreso. Expansión.

El anterior es el ejemplo de la buena deflación, consecuencia del aumento en la oferta agregada, que puede deberse a la confianza de los empresarios para invertir directamente más, confianza que depende de la competitividad del país, definida como su capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que depende de factores que van, desde la infraestructura de comunicaciones y transportes, pasando por la provisión de energía y agua, hasta llegar a los impuestos, sin olvidar el Estado de derecho, el gobierno de las leyes justas.

La mala deflación, ocasionada por la disminución de la demanda agregada, que puede ser la consecuencia de la política monetaria contraccionista del banco central, va acompañada de la recesión: caídas en la producción, el empleo y el ingreso. Una cosa buena: el aumento en el poder adquisitivo del dinero, y tres malas: menos producción y oferta de bienes y servicios, menos empleos y menos ingresos. Hay que evitarla.

La buena deflación, ocasionada por el aumento de la oferta agregada, que puede ser la consecuencia de más inversiones directas, va acompañada de la expansión: aumentos en la producción, el empleo y el ingreso. Cuatro cosas buenas: el aumento en el poder adquisitivo del dinero, más producción y oferta, más empleo, más ingresos. Hay que permitirla.

Continuará.


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