Concluyó el larguísimo Mundial de futbol organizado en Norteamérica, por primera vez con tres países sede y 48 selecciones participantes. Veamos algunos aspectos más allá de lo estrictamente futbolístico.
A mi juicio, lo más destacado fue el ambiente festivo de la afición, particularmente en México. Ni Estados Unidos ni Canadá tienen la tradición futbolera de nuestro país. Fue muy emocionante que la sociedad mexicana, de nueva cuenta, se comportara tan hospitalaria con los visitantes extranjeros. Las tres ciudades sede —Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México— fueron los núcleos de júbilo de un gran ambiente que se replicó por todo el país, en buena medida alentado por el ánimo creciente que generó la Selección Mexicana, hasta el momento de su eliminación del torneo. También hay que señalar lo histórico que representó que por tercera vez el Estadio Azteca hubiera sido el escenario inaugural de un Mundial. El espectáculo de medio tiempo en la clausura también se agradece.
Hubo, sin embargo, algunos aspectos negativos y oportunidades desaprovechadas. Desde luego, lo más grave e injustificable es que cinco personas perdieran la vida durante las celebraciones en la Ciudad de México. Una inadecuada valoración del fenómeno de masividad popular que iba incrementándose en cada partido no impidió que los festejos se desarrollaran sin llegar a tragedias.

¿Catean oficina de Ulises Lara?
Como fue un evento de enorme visibilidad pública, distintos colectivos decidieron hacerse notar, ante la indiferencia o falta de respuesta de los gobiernos federal o del capitalino. Fue muy lamentable y poco empática la reacción hacia los colectivos de madres y personas buscadoras, ante el drama de los desaparecidos que asola al país. Resulta inaudito que, dentro del maltrato a esos colectivos, hubieran amarrado a un padre buscador con la misma manta con la que salió a marchar y protestar.
Por otra parte, desde los días previos y durante la primera etapa del torneo, la CNTE amagó con impedir la inauguración, los juegos siguientes y otras actividades en torno al Mundial. Una pésima estampa para mostrar al mundo.
Se supone que un evento de semejante magnitud tendría que haber llevado aparejadas una serie de obras de infraestructura y beneficios que perdurarán en el tiempo para los habitantes de las ciudades sede. En el caso de la Ciudad de México, nos lo quedaron a deber. En cuanto a los beneficios económicos, si bien hubo una derrama que no es despreciable, desde luego quedó muy por debajo de lo esperado. No va a mover la aguja del PIB este año.
En cuanto a lo protocolario, qué bien que los líderes políticos de los tres países de Norteamérica, anfitriones del torneo hayan asistido a la clausura (ni modo de perderse la foto con Trump en un ambiente festivo). Pero mucho se criticó que la Jefa del Estado mexicano no asistiera a la inauguración en su propio país.
Sobre la dirección de la FIFA hay mucha tela que cortar. Lo más escandaloso fue, desde luego, el retiro de una tarjeta roja a un jugador de Estados Unidos, consintiendo la cínica injerencia de Donald Trump.
En cuanto a lo estrictamente futbolístico, hay que destacar a la selección de España, campeona del torneo, que, sin duda, fue la mejor escuadra; la notoria mejora en los estándares tradicionales de la Selección Mexicana, que mucho emocionó y esperanzó; los campanazos de Cabo Verde y la simpatía que despertó Noruega, así como la despedida de los mundiales y del futbol de dos grandes rivales, Cristiano Ronaldo y el que tal vez sea el mejor jugador de todos los tiempos, Lionel Messi.

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