Incendios incontrolables han devastado decenas de miles de hectáreas en España y Francia esta semana. Un infierno que se ha llevado por delante vidas, patrimonio y esperanzas. Además, el daño ecológico es considerable al destruir enclaves naturales clave afectando a las especies animales del lugar.
Mientras bomberos y diversas agrupaciones de toda Europa luchan por controlar los muros ardientes que avanzan alimentados por la sequía, las olas de calor y los vientos desatados, los políticos se enzarzan en debates estériles y tratan de salvar la cara sabiendo que las lágrimas se secarán y la furia se alzará entre los ciudadanos.
Cientos de miles de personas evacuadas ante el avance de la marea roja es un número fácil de leer, pero difícil de comprender a cabalidad. Son miles de familias que ven peligrar su vida y que no saben qué les depara el futuro. Casas, negocios, escuelas, instalaciones de servicio… una vida entera que llega a su fin ante los ojos impotentes del mundo. Un escenario apocalíptico que nos deja escalofriantes reflexiones.

• Transparencia tras accidente mortal
Los desastres naturales suceden y no son culpa de nadie. Sin embargo, año con año venimos presenciando este tipo de incendios cada vez más poderosos. Podemos pensar en el cambio climático y en cómo nuestras acciones globales han contribuido al fortalecimiento de las condiciones que provocan este tipo de incidentes. Podemos analizar la culpa de cada uno de los actores sociales, incluida la sociedad civil, en postergar el cambio de cultura que hubiera evitado o desacelerado este desequilibrio del ecosistema. Sin embargo, es agua que ya ha pasado bajo el puente mientras que, ahora que sabemos que el calentamiento global es una realidad, tenemos que preguntarnos qué hemos hecho para adaptarnos y prevenir estos desastres.
Mientras las autoridades se apuntan con el dedo una a otras, se denota una falta de organización con un sentido claro del bien común. Este no es un tema partidista, es un tema de supervivencia humana. La coordinación nacional e internacional es imperativa para enviar recursos a prevenir los desastres. A reocupar el campo, el bosque y los cultivos. A dedicarlos a apoyar a las comunidades que viven lejos de las grandes urbes y que su actividad revivificada puede aportar y evitar la acumulación de combustible en estos desastres. A aprovechar la tecnología y prepararnos para esta nueva normalidad.
A nadie sorprende que se estén dando estos mega incendios. Lo que sorprende y hiere el alma es ver que año con año el presupuesto vuela y los gobiernos se esconden. No tienes que encender un fósforo para hacer arder a tu país, basta con dejar de entender la política como un servicio y voltear para otro lado una vez más.

El examen

