BRÚJULA ECONÓMICA

Camino hacia la consolidación fiscal

Arturo Vieyra<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

El principal desafío de las finanzas públicas ya no consiste únicamente en reducir el déficit, sino en recuperar un equilibrio más sólido entre ingresos y gasto. Los resultados del primer semestre de 2026 permiten comenzar a evaluar esa trayectoria.

En términos generales, las cifras confirman que la consolidación fiscal avanza conforme a los objetivos planteados por la Secretaría de Hacienda. Sin embargo, la relevancia de estos resultados no radica únicamente en el cumplimiento de las metas fiscales, sino en la composición del ajuste que está haciendo posible ese avance.

Los balances fiscales evolucionaron favorablemente durante la primera mitad del año. El déficit presupuestario resultó considerablemente menor al programado y el balance primario registró un superávit. Asimismo, la deuda pública amplia se ubicó en 51.3% del PIB al cierre del segundo trimestre, ligeramente por debajo del nivel observado al finalizar 2025, en línea con la trayectoria de consolidación prevista para este año.

Más allá de estos resultados, el primer semestre permite identificar algunas tendencias que probablemente marcarán la evolución de las finanzas públicas durante el resto del año. La primera es que los ingresos mantienen un desempeño moderado. Los ingresos presupuestarios crecieron apenas 0.1% en términos reales y se ubicaron por debajo de lo previsto en el programa fiscal. Al interior destaca un comportamiento diferenciado: mientras el IVA continuó mostrando dinamismo, reflejo de la resiliencia del consumo, la recaudación del ISR permaneció débil, consistente con un entorno de crecimiento económico todavía moderado. Los ingresos petroleros, por su parte, continuaron limitados por una plataforma de exportación inferior a la programada, pese al favorable comportamiento de los precios internacionales del crudo.

La segunda tendencia se observa en el gasto público. El camino hacia la consolidación fiscal ha descansado, principalmente, en una importante contención del gasto respecto a lo aprobado en el Presupuesto de Egresos. El ajuste volvió a concentrarse en la inversión física, mientras que el gasto social y las transferencias mantuvieron un comportamiento consistente con las prioridades de la actual administración. Esta composición del ajuste no modifica la trayectoria de consolidación, pero sí permite entender cómo se está alcanzando y cuáles podrían ser sus implicaciones sobre el crecimiento económico en el mediano plazo.

El comportamiento observado durante el primer semestre también ayuda a explicar por qué la Secretaría de Hacienda mantiene su expectativa de cerrar el año con un déficit de 4.1% del PIB. Aunque los ingresos se ubicaron alrededor de 150 mil millones de pesos por debajo de lo programado, la contención del gasto fue considerablemente mayor y más que compensó ese faltante. Hacia la segunda mitad del año, parte del subejercicio podría revertirse conforme avance la ejecución presupuestaria.

Además, el menor costo financiero de la deuda y los ajustes ya realizados al gasto programable proporcionan un margen de maniobra que favorece el cumplimiento de la meta fiscal. Del lado de los ingresos, el cierre de la brecha dependerá, en buena medida, de que la actividad económica consolide la recuperación observada en los meses recientes y ésta se traduzca en una mayor recaudación tributaria.

En consecuencia, si bien persisten las presiones —como la creciente rigidez del gasto, la insuficiencia de los ingresos petroleros derivada de una menor producción y la debilidad de la recaudación del ISR—, los resultados del primer semestre sugieren que es factible cumplir las metas fiscales de 2026, alcanzando el déficit previsto y manteniendo la deuda pública en un nivel cercano a 52% del PIB.

No obstante, para que este proceso se consolide será necesario que durante la segunda mitad del año el crecimiento económico cobre mayor fortaleza y contribuya a impulsar la recaudación tributaria. Sólo así la convergencia hacia un equilibrio fiscal más sólido descansará no sólo en la disciplina del gasto, sino también en un fortalecimiento gradual de los ingresos públicos.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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