PESOS Y CONTRAPESOS

Ingreso, el reto (2/2)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

En junio del año pasado el 69.60% de la población ocupada generó hasta dos salarios mínimos de ingreso. En junio pasado el 77.50%, 7.9 puntos porcentuales más, el 11.35%. Cada vez más gente generando poco ingreso. Durante el primer trimestre el 30.7% de la población ocupada fue incapaz de generar el ingreso necesario para comprar la canasta básica alimentaria. Tenemos un problema de generación de ingreso.

¿Qué se requiere para que aumenten los ingresos? En primer lugar, que aumente la productividad del trabajo. En segundo, que la demanda de trabajo, de parte de los empleadores, sea mayor que su oferta, de parte de los trabajadores.

La productividad, el ser capaz de realizar un trabajo por el que alguien esté dispuesto a pagar, y los aumentos en la productividad, el ser capaz de hacer más con menos, son condiciones necesarias, pero no suficientes por sí solas, para que aumenten los ingresos de los trabajadores, requisito para que aumente su bienestar, que es el fin de la economía.

El Índice Global de Productividad Laboral de la Economía, IGPLE, del Inegi, mide cuánto PIB, y por lo tanto cuánto ingreso, se genera por cada hora trabajada. Es un índice que parte de 100. Si aumenta, quiere decir que la productividad aumentó (bueno). Si permanece constante, quiere decir que la productividad se estancó (preocupante). Si baja, quiere decir que la productividad bajó (malo).

Analizo lo sucedido del segundo trimestre de 2020, trimestre con el mejor resultado hasta el momento, al primero de 2026, último para el que tenemos información. En ese lapso el IGPLE pasó de 105.8 puntos a 94.6. Tenemos un problema de productividad.

La otra condición para que aumenten las remuneraciones del trabajo es que la demanda de trabajo, de parte de las empresas, sea mayor que la oferta de trabajo, de parte de los trabajadores, demanda que conviene, por las ventajas que tiene para los trabajadores (estabilidad salarial, ahorro para el retiro y pensión, acceso al crédito, seguridad social, derechos laborales garantizados), que sea de parte del sector formal.

Para que todo aquel que busca trabajo en el sector formal lo encuentre, se necesitan crear 1,200,000 empleos al año. Durante el primer semestre se crearon, según los datos del IMSS, 262,628, el 43.77% de los que deberían haberse creado (600,000). En los últimos doce meses, de julio de 2025 a junio de 2026, se crearon 454,038, el 37.80% de los que deberían haberse creado (1,200,000). La demanda de trabajo en el sector formal es menor que la oferta, lo cual ejerce presión para que los salarios no aumenten y, más allá de ciertos límites, para que bajen.

La válvula de escape ha sido la economía informal, en la cual trabaja el 55.0% de la población ocupada. Según los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del Inegi, el salario promedio en el sector formal es, en promedio, 40% mayor que el del sector informal. En el sector informal se encuentran, mayoritariamente, quienes ganan entre uno y dos salarios mínimos. En el formal se encuentran, mayoritariamente, quienes ganan más de dos. En el formal se encuentran, solamente, los que ganan más de tres.

Si el fin de la economía es el bienestar de las personas, y el mismo debe depender del ingreso que sean capaces de generar gracias a su trabajo, no de la redistribución gubernamental de ingresos, en México tenemos un reto enorme.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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