El fin de la economía es el bienestar, que depende de cuatro variables: empleos para todos, remuneraciones suficientes, precios los más bajos posibles y aumentos en el poder adquisitivo del dinero (sí, el tema de la deflación). Todo empieza por el empleo. ¿Cómo vamos?
Centro la atención en la tasa de desempleo, que mide el porcentaje de la población económicamente activa que no trabaja. La población económicamente activa está compuesta por los mayores de 15 años que buscan trabajo. Si lo encuentran se vuelven población ocupada. Si no lo encuentran, y siguen buscando, son población desocupada.
Ésta fue la tasa de desempleo en los seis primeros meses del año: enero, 2.7%; febrero, 2.6%; marzo, 2.4%; abril, 2.5%; mayo, 2.8%; junio, 2.9%. Después de haber alcanzado la mínima tasa de desempleo en marzo (2.4%), sumamos tres meses consecutivos con desempleo cada vez mayor (2.5%, 2.8% y 2.9%).

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La tasa de desempleo en junio, 2.9%, resultó 0.5 puntos porcentuales mayor que la de marzo, 2.4%, el 20.83%. Decir que resultó medio punto porcentual mayor, suena poco preocupante. Decir que resultó veinte por ciento mayor, suena preocupante. Tomar en cuenta, nada más, el aumento en puntos porcentuales, resulta en un análisis incompleto. Tomar en cuanta, además, el aumento porcentual, resulta en uno más completo. No es lo mismo aumento o disminución de puntos porcentuales que aumento o disminución porcentual.
La tasa de desempleo en junio, 2.9%, resultó 0.5 puntos porcentuales mayor que la de marzo, 2.4%, el 20.83%, lo cual, si el empleo es la primera condición del bienestar, es preocupante, sin olvidar un “pequeño” detalle. Para el Inegi, si durante la semana en la que levanta la encuesta nacional de ocupación y empleo, alguien trabajó, por lo menos, una hora, ¡a la semana!, es considerado población ocupada.
El bienestar depende, en primer lugar, de los empleos, que conviene, para beneficio de los trabajadores, que sean formales. Para que todo aquel que busca trabajo lo encuentre en el sector formal de la economía se necesitan crear, al año, 1 millón 200 mil nuevos empleos. ¿Lo estamos logrando? Ni remotamente.
En los últimos 12 meses, entre julio de 2025 y julio de 2026, se crearon, en el sector formal de la economía, 326 mil 987 nuevos empleos, el 27.25% de los que se necesitan en un año (1 millón 200 mil). Entre enero y julio se crearon 243 mil 078 nuevos empleos formales, el 34.73% de los que se necesitan en siete meses (700 mil), para alcanzar la meta de 1 millón 200 mil anuales.
Éste, la insuficiente creación de empleos en el sector formal de la economía, es un problema que venimos enfrentando hace años. No es un problema coyuntural (malo), sino estructural (peor). Durante el sexenio de Peña Nieto (2013 a 2018), deberían haberse creado, por lo menos, 7 millones 200 mil nuevos empleos formales. Se crearon 4 millones 017 mil 322, el 55.80%. A lo largo del sexenio de López Obrador (2019 a 2024), tendrían que haberse creado, por lo menos, 7 millones 200 mil nuevos empleos formales. Se crearon 2 millones 159 mil 015, el 29.99%. En 2025, primer año del gobierno de Claudia Sheinbaum, deberían haberse creado, por lo menos, 1 millón 200 mil nuevos empleos formales. Se crearon 278 mil 697, el 23.22%.
En México, las limitaciones para alcanzar mayor bienestar, comienzan por el empleo.

Acciones locales, repercusiones globales

