ENFOQUE MANUAL

El vacío de Diego “N” de moNstruo

Laura Garza<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Laura Garza*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Diego con “N” de moNstruo entró al elevador de un edificio de departamentos en Atizapán, que bien pudo ser cualquier torre de los casi 300mil departamentos en el Estado de México contabilizados por el INEGI.

Este edificio tenía pocos pisos, no era tan grande como muchos otros y lo podemos ver en la cantidad de botones del elevador. Todos apagados, como si supieran algo que nadie más sabía, pero apagaron sus luces ante el moNstruo que eligió uno y aguardó allí dentro, solo, seguro y provocador mirando hacia la cámara de vigilancia de la esquina superior.

Lo vemos en la foto, y lo hemos visto en video en la tele y en todas las redes. Diego “N” de moNstruo entró tranquilo al elevador como quien sabe a dónde y a qué va. Oculta de alguna manera su rostro y cualquier señal de sus brazos, un tatuaje quizá que lo evidencien fácilmente.

Colores discretos, una gorra y unos lentes oscuros al interior y de tarde. Pero era Diego, el socio de papá y quizá el amigo de mamá, ya lo habían visto muchas veces. Era “el señor” que saludaba a todos en casa, con quien trabajaba su esposo y tenían negocios en común, el que nunca imaginaron que su apellido cambiaría a “N” de moNstruo.

Un cuerpo rígido mientras el elevador hace lo suyo, no da señales de estar nervioso, no se mueve mucho, luce tranquilo y consciente de que podía ser grabado y ubicado por la cámara, pero quizá echó la moneda al aire en su cabeza, y dejó a la clásica suerte mexicana “seguro no sirve”.

El vacío de Diego “N” de moNstruo
El vacío de Diego “N” de moNstruo ı Foto: Especial

En el vacío de un elevador frío, iba con una mochila que quizá tenía el arma, cuerdas, y “cosas” para llevar a cabo su plan.

¿Tenía planeado una masacre completa? Porque llevaba en esa mochila colgada al hombro de manera relajada, el odio, la saña, la crueldad y la frialdad necesaria para dispararle a una niña de 3 años.

Diego “N” de moNstruo iba en la inmensidad de un elevador, que con todo y su cuerpo robusto iba vacío.

Solo una persona vacía de alma, maligno e inhumano podría soportar el silencio del traslado de un elevador hasta el piso nueve en donde se ubicaba el Penthouse 1 de la Torre 4 sin mostrar nerviosismo, adrenalina y hasta un ligero arrepentimiento de lo que ya pensaba cometer.

El vacío de quien no tiene compasión, empatía, piedad y sensibilidad, porque el problema no era el perro, la pequeña, la ayudante del hogar, la esposa o el socio, era una disputa (vaya usted a saber) de dinero.

El vacío de quien maniata, de quien dispara una, dos, tres veces.

El vacío de quien entra y sale tranquilo.

El vacío de quien cree que regresando a casa, no pasará nada.

El vacío de quien realizó una masacre, no un asesinato.

El vacío de Diego “N” de moNstruo en una sola imagen.

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