VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

El milagro del vuelo de Flydubai

Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Lo que sucedió en el vuelo de Flydubai de Dubái hacia Tel Aviv esta semana es, sin duda, digno de una película de acción. Después de que el copiloto intentara, al parecer con un hacha, asesinar al piloto del avión, tomar el control de éste y, según lo que se cree, estrellarlo, matando a todos a bordo, el copiloto indio Smit Machchhar, herido de gravedad y sangrando profusamente, logró abrir la puerta de la cabina, y cinco pasajeros consiguieron salvar la vida de todos.

Dos pasajeros lograron neutralizar al copiloto, de nacionalidad omaní, atándole las manos con cables de audífonos; otro pasajero, plomero de profesión y ávido seguidor de programas de televisión sobre accidentes aéreos, se dirigió hacia la cabina y logró estabilizar el avión después de que éste descendiera alrededor de cinco mil metros en dos minutos; un dentista actuó rápidamente para tratar al piloto herido y salvarle la vida; y, finalmente, dos pasajeros que eran pilotos en reserva y que, de casualidad, se encontraban en el avión, lograron aterrizarlo en territorio saudita.

Se trata, sin lugar a duda, no sólo de una proeza humana, sino de una acción colectiva conmovedora: una historia digna de celebrarse y aplaudirse. Sin embargo, se trata también de una grave falla de seguridad, un acto terrorista que sólo por casualidad pudo evitarse.

El primer ministro de Israel, en plena campaña electoral y ante su debilidad en las encuestas, no tardó en tratar de convertir esta historia en un activo político. Benjamin Netanyahu corrió al aeropuerto a recibir a los pasajeros, filmó videos con los héroes y protagonizó un blitz televisivo en cadenas internacionales para mostrarse como el líder del mundo que se enfrenta al terrorismo islámico. Internamente, sus ministros salieron a decir que sólo él puede ser capaz de enfrentar una amenaza semejante. Netanyahu y sus aliados saben que sólo una grave situación de seguridad podría devolverlos a la competencia en las elecciones de finales de este mes.

No obstante, a pesar de la campaña mediática, en realidad el suceso marca no un logro, sino una falla severa del liderazgo israelí y de su estructura de seguridad. Tan sólo hace cuatro días, Netanyahu, violando la ley electoral, hizo un video frente a aviones de la Fuerza Aérea para “avisarle” al público que Israel corre un grave peligro en las próximas semanas. Similares y peores advertencias recibió Bibi antes del 7 de octubre, pero en ese entonces no estaba en elecciones.

Si Netanyahu recibió advertencias, ¿por qué no hizo nada para alertar a las autoridades de aviación del país? Más grave aún, ¿por qué, en este clima tenso, se le permitió a un piloto de Omán, país que no tiene relaciones diplomáticas con Israel, volar hacia Tel Aviv, en contra de las regulaciones de seguridad?

Netanyahu intentó robar el crédito que merecen los héroes civiles de esta historia y, entre sonrisas, ocultar un nuevo fracaso de seguridad que tiene el mismo tufo de aquellas semanas previas al ataque de Hamas. Esta vez, se corrió con suerte.

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