ACORDES INTERNACIONALES

Lo que no deciden los votos

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Esta elección tiene tres niveles de lectura. El primero es electoral: quién controla la Cámara de Representantes y el Senado. El segundo es institucional: qué capacidad tendrá el Congreso para controlar al Ejecutivo.

Y el tercero es internacional: qué significa el resultado para un presidente que mantiene una guerra en Medio Oriente mientras los estadounidenses resienten sus consecuencias económicas. No hay que confundir estos tres niveles: ganar votos no equivale a controlar el Congreso, y controlar el Congreso no equivale a controlar la política exterior.

La víspera de la votación, Washington bombardeó posiciones en la isla iraní de Qeshm mientras Qatar buscaba una mesa de negociación. Diplomacia y bombas coincidieron. Los estadounidenses pueden castigar la guerra en las urnas, pero no detenerla con su voto.

Una derrota republicana elevaría el costo político de la estrategia de Donald Trump. Podría empujarlo a negociar un acuerdo presentado como victoria o a endurecer su ofensiva. Nadie sabe cuál reacción prevalecerá. Una victoria tampoco le daría carta blanca para continuar las operaciones.

El nuevo Congreso toma posesión el 3 de enero de 2027. Hasta entonces, una eventual mayoría opositora será una promesa de contrapeso. Después podrá vigilar el gasto, investigar y exigir cuentas; el mando militar seguirá en la Casa Blanca. Irán no debería confundir perder escaños con perder capacidad de acción.

Trump anunció el fin de la ayuda anual a Israel, aunque mantendría la venta de armamento. Falta explicar cómo piensa cancelar un compromiso vigente hasta 2028. Por ahora no hay suspensión efectiva. Dejar de financiar a un aliado no supone dejar de venderle armas ni romper la alianza.

Israel añade otra incógnita. Netanyahu perdió respaldo parlamentario, pero sus adversarios todavía no logran formar una mayoría. Ese vacío podría favorecer la continuación de la guerra. Una cosa, sin embargo, es identificar incentivos políticos; otra, muy distinta, atribuir al gobierno la intención de prolongar el conflicto.

Según Reuters, un alto funcionario iraní condicionó la reapertura de Ormuz y el diálogo nuclear a resolver antes las sanciones y el bloqueo. Cada parte exige que la otra pague primero el costo de negociar. La tarea de Qatar será ordenar concesiones y verificar que se cumplan.

El mayor peligro está en leer las debilidades del adversario como invitación a exigir más. Washington puede creer que su superioridad militar le permite imponer condiciones; Teherán, que el desgaste electoral inmovilizará a Trump. Ambos cálculos pueden fallar. Una operación limitada puede desatar una represalia que ya nadie controle.

Para México, un Congreso más dispuesto a contener a Donald Trump sería relevante, pero no garantiza estabilidad energética ni moderación exterior. Conviene seguir las decisiones, los presupuestos, las rutas marítimas y los compromisos cumplidos, no los discursos de victoria. Las urnas redistribuyen poder; la paz exige convertir ese nuevo equilibrio en acuerdos sostenibles.

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