Crece tensión entre México y Bolivia

Fase 2
Por:
  • Carlos Urdiales

Si una relación binacional ha sido compleja durante el año que estamos por despedir, es la de nuestro país con Estados Unidos y su veleidoso mandatario.

Campaña electoral de por medio, Trump ha puesto a trabajar horas extra a nuestro Gobierno; lo mismo para contener a migrantes que buscan su frontera sur que a componer la política laboral para destrabar el escurridizo T-MEC o para mostrar la puerta de salida a Evo Morales y apaciguar ánimos injerencistas.

Sin embargo, la relación nacional más erosionada en el mismo periodo ha sido con Bolivia. A partir de la decisión de la 4T de dar asilo al renunciante mandatario boliviano, la tensión entre ambas soberanías crece y ni la partida de Morales la mitiga.

Residencia y embajada aztecas permanecen, hasta el cierre de esta columna, sitiadas por un importante contingente de fuerzas policiales bolivianas. México alza la voz en la OEA, alerta sobre una potencial incursión armada en nuestra representación diplomática con el objetivo de detener a nueve exfuncionarios de la administración de Morales.

Nuestra Cancillería acusa hostilidad diplomática contraria a la Convención de Viena y a la fraterna historia entre ambos pueblos. La hospitalidad mexicana con el polémico líder indígena perpetuado en el poder pasa factura.

De navidades y cosas peores

La celebración de una festividad religiosa tan importante en el mundo occidental como es la Navidad, abre espacios de reflexión individual y colectiva obligados. Para quienes hacemos de estas fiestas moneda corriente, nos viene natural una singular sensibilidad sobre el valor de la vida toda.

Época de alto contraste para conocer el informe de la congregación Los Legionarios de Cristo que da cuenta pormenorizada de delitos y ruindad de su fundador, el sacerdote Marcial Maciel (1920-2008) por décadas. Depredador sexual que hizo del abuso sexual en contra de menores un ciclo infernal con la complicidad de 32 compinches de sotana; algunos, víctimas también del líder congregacional.

Anticipado documento que pone número al horror perpetuado, escondido y tolerado por la Iglesia católica mundial. Tan sólo Marcial Maciel violó a por lo menos 60 menores. Los Legionarios de Cristo reconocen que desde su fundación en 1941 y hasta 2019, hubo en total 175 víctimas de violación sexual cometidas por 33 sacerdotes (incluido Maciel). La mayoría, adolescentes de entre 11 y 16 años.

Eso no es todo, la congregación informa de otros 90 alumnos que fueron abusados por 54 seminaristas de los cuales 46 no se ordenaron. Todo según la “Radiografía de ocho décadas para erradicar el abuso” que será ampliado el 20 de enero próximo.

Es el primer reporte histórico en el cual Los Legionarios de Cristo reconocen la magnitud del problema al interior de su organización religiosa. Informe que dicen especialistas llega tarde e incompleto. Maciel murió en medio del escándalo, venerado como santo y descubierto con la paternidad de al menos 4 hijos con distintas mujeres. Dobleces patológicos sinfín. Maciel repelía acusaciones: “Nunca me involucré en el tipo de comportamiento repulsivo del que me acusan estos hombres”, decía.

Ahora su congregación reconoce: “con honestidad y vergüenza, la realidad de los delitos de abuso sexual de menores en nuestra historia, con el deseo sincero de una continuada conversión personal e institucional”. El Papa Francisco es categórico al afirmar que “se convirtieron en herramientas de Satanás”, al tiempo que promete llevar ante la justicia a los criminales.

Por cierto, hace unos días el Vaticano anunció el fin del secreto pontificio en el mundo y aquí en México, la FGR admite que investiga denuncias de pederastia con o sin cooperación de la curia católica.

El espíritu de estos días anima a una reflexión sobre la naturaleza humana y la indispensable presencia cotidiana de la Ley no celestial, sino terrenal que es la única, imperfecta, pero superior a las éticas de la fe que son individuales, optativas. Las otras no.

Por lo mismo, la laicidad del Estado mexicano no debe vulnerarse con discursos oficiales que abrazan creencias particulares para guiar y explicar políticas públicas. La historia de Maciel y sus Legionarios debe servir para valorar lo indispensable de no apartarnos de la civilidad y legalidad como pan nuestro de cada día.