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Bernardo Bolaños

AMLO, la oposición y el cambio de régimen metabólico

ANTROPOCENO

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Si varios economistas mexicanos han sido reclutados en la OCDE, el FMI y universidades extranjeras importantes es porque existe una marca mexicana. Dos presidentes doctores en economía, por Harvard y Yale, sentaron las bases económicas de la apertura comercial en los noventa del siglo XX, seguidos de mandatarios que no cuestionaban las leyes de la teoría económica, aunque tampoco les importaba mucho la desigualdad.

Décadas de gobiernos tecnocráticos nos hacen ser hoy sensibles a los riesgos del estilo populista de gobernar, en el que lo que importa es el lenguaje dicharachero pero inexacto de las conferencias mañaneras y la construcción de megaproyectos, aunque con sustento y viabilidad dudosos.

El debate entre la 4T y sus opositores suele describirse como el de dos estilos de gobierno. Neoliberales contra nueva ola populista. Tecnócratas contra el líder carismático de los 30 millones de votos.

Esa dicotomía es una tragedia, porque nos deja huérfanos de opciones políticas a quienes reconocemos como asunto urgente la crisis ambiental mundial. Somos quienes no soñamos con exportar más plátanos a China, pero tampoco aceptamos que millones vayan a respirar, en nombre de la soberanía energética, un aire envenenado con las partículas provenientes del diésel, el carbón vegetal y el combustóleo. Somos los que sabemos que un calentamiento global de 4ºC haría imposible alimentar a la mayoría de la humanidad. Somos los que ya conocíamos, gracias a la ciencia y a los documentales, que muchas pandemias amenazaban y amenazan a la humanidad. Somos los indignados por el sabotaje a las energías renovables.

Somos los que no queremos que cambien las élites, sólo motivados porque las anteriores ya tuvieron su oportunidad de lucrar y ahora otras deben acumular casas. Nunca pedimos el regreso del echeverrismo, pero sí queremos lo que la ecología política llama un cambio de régimen metabólico. Vivimos dentro de sistemas socioecológicos que son redes de intercambio de materia, energía e información. Pero el actual metabolismo mundial es insostenible, amenaza la civilización.

La política se complica para nosotros. No hay opción clara en el horizonte. Ni siquiera la de volver a barajar las cartas en 2022. Me refiero a la posible revocación de mandato, opción que nos otorgó, sin pedírsela, la 4T. Esa posibilidad estará precedida de la elección legislativa del 2021. Para convocar a la revocación habría que conseguir las firmas de 3% de los electores en al menos 17 estados. Y quien asumiría de modo inmediato la Presidencia sería el presidente del Congreso. Luego el Legislativo elegiría a quien concluyera el mandato de presidente de la República.

Así, ansiar la revocación de mandato significaría dejar al Congreso la designación de un nuevo mandatario. Pero ¿para un ambientalista, la oposición es necesariamente mejor? Calderón y Peña Nieto hicieron de México un actor internacional importante en las negociaciones climáticas. Pero nos legaron 102 conflictos socioambientales por el impulso descontrolado de la minería. ¿Quién nos abandera?