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Bernardo Bolaños

Reflexiones de un recién vacunado

ANTROPOCENO

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Por:
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Estaba determinado a mirar la aguja de la jeringa para asegurarme que me pondrían efectivamente la vacuna y no sólo picarme, como en ese caso aislado que generó gran escándalo. Pero cuando la enfermera se preparaba y comenzó a extraer el líquido del frasquito, la verdad es que me espantó el tamaño de la púa, de la aguja pues. Entonces decidí mirar hacia otro lado, pensar en otra cosa e incluso practicar la respiración de relajación.

Cuando la enfermera se acercó a mi brazo desnudo, me pellizqué con varios dedos para no sentir el pinchazo y la entrada de la larga saeta metálica en mi músculo deltoides. “¿Le dolió mucho?”, preguntó. Y sinceramente me sorprendí que hablara en pasado. No sentí nada, excepto mis propias uñas saliendo de la piel, lo que sí me dejó marcas.

Por eso, el primer consejo que les doy es no confundir tontamente, como yo, la aguja que extrae la vacuna con la que sirve para inyectarla. Esta última es mucho más pequeña, tanto que al quitarme el parchecito del brazo, no había sangre. “Ni tuve dolor, ni veo sangre —pensé—. ¿Sí me habrán vacunado?” Pero me di cuenta del tono conspiranoico de ese pensamiento fugaz y me fui avergonzado a sentar a la zona de observación.

Ahí recordé que otras personas quisieran haber recibido mi dosis de CanSino. Hay muchos trabajadores de la salud que aún no han sido vacunados y que tendrán que esperar varias semanas más. Me dije: “ya llevo en el músculo deltoides a la decana de las vacunas contra Covid-19, probada en febrero de 2020 en un general del ejército chino; vacuna ambicionada sin éxito por Canadá, que Marcelo Ebrard logró hábilmente traer a México”. Me vino a la mente, también, la #LadyPfizer que me recomendó que viajara a vacunarme en Estados Unidos, aunque ella al mismo tiempo es una entusiasta partidaria de la soberanía científica. No estoy seguro que en el futuro mi amiga se aplique una eventual vacuna mexicana. También recordé al antivacunas que por WhatsApp me envió un artículo del Dr. Fauci del 2014 que sugiere que biológicos como CanSino y Sputnik V podrían dejar al vacunado más vulnerable al virus del VIH (“pues qué bueno, así no tendrás la tentación de andar de libidinoso”, reaccionó entonces una conocida muy cercana).

Pero vacunarse es más que un cálculo individual, es una responsabilidad social para evitar que el virus mute y se mueva hacia los niños. Es un paso hacia el umbral de 75% de personas con anticuerpos que constituiría la inmunidad de rebaño. La evidencia reciente muestra que la vacunación sí contribuye a disminuir los contagios, así que tiene algo de altruista. Por último, también es una política institucional dirigida a los trabajadores. Que sea voluntario vacunarse no significa que estén resueltos los dilemas laborales hacia quienes decidan no hacerlo. “¿Cómo abordarán los empleadores los casos de meseros, maestras o enfermeros que no quieren vacunarse?” Pero este estresante pensamiento lo espanté de mi mente.