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Bibiana Belsasso

El dictador se aferra al poder

BAJO SOSPECHA

Bibiana Belsasso
Bibiana Belsasso 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Bibiana Belsasso

La forma en que nuevamente Daniel Ortega se queda en el poder como presidente en Nicaragua, es escandalosa.

Con esta nueva “elección”, Ortega suma 20 años en el poder de forma consecutiva y 29 en total, más tiempo que cualquiera de los Somoza, una dictadura que criticó tantas veces y que ayudó a derrocar.

Conserva el poder encarcelando a opositores, a todos los candidatos presidenciales; ha detenido a muchos políticos, periodistas, académicos, empresarios y civiles de a pie, mientras que miles han optado por buscar el exilio ante las constantes amenazas y así evitar estar tras las rejas.

Muy pocas personas participaron en la pasada elección: los que votarían en contra de Ortega tienen terror. El Observatorio de Urnas Abiertas reportó que hubo una abstención de 81.5 por ciento. Pero el oficialismo decidió refutar estas cifras y aseguró que el 65 por ciento de los nicaragüenses acudió a las urnas.

Desde hace 37 años el candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional se ha presentado ocho veces en campañas electorales.

Dirigió el país por primera vez tras el triunfo de la revolución en 1979, cuando fue electo coordinador de la Junta de Gobierno en marzo de 1981; luego, en 1984 ganó las elecciones y entregó la presidencia en 1990, porque perdió el poder ante Violeta Barrios de Chamorro, y también las dos elecciones siguientes: 1996 y 2001. Regresó en 2007 y desde entonces no deja la silla presidencial.

Para estas elecciones detuvo a 38 opositores, siete de los cuales eran precandidatos presidenciales. La primera fue Cristiana Chamorro Barrios, hija de la expresidenta Violeta, su mayor adversaria, a quien el 2 de junio de 2021, el gobierno de Ortega impuso arresto domiciliario. Fue acusada de "gestión abusiva, falsedad ideológica, ambos en concurso real con lavado de dinero, bienes y activos".

No tardó semanas, lo mismo hizo con los otros seis aspirantes.

A finales de 2020, el parlamento sandinista avaló una ley denominada Defensa de los Derechos del Pueblo a la Independencia, con ella este año justificó las detenciones contra sus opositores, a quienes acusó de "realizar actos que menoscaban la independencia, la soberanía y la autodeterminación, incitar a la injerencia extranjera en los asuntos internos, pedir intervenciones militares, organizarse con financiamiento de potencias extranjeras para ejecutar actos de terrorismo y desestabilización".

Mientras que a cuatro de los principales empresarios los arrestó y acusó de "conspiración", "pedir intervenciones militares", "terrorismo", "traición a la patria" y "lavado de dinero".

Éstos no son los únicos mecanismos políticos que utilizó para validar las elecciones del pasado domingo 7 de noviembre. Además de detener a los contrarios, puso en la boleta a cinco personajes poco conocidos, incluso en Nicaragua. Con ello, justificó que había competidores, pese a que ONG acusaron de que se trataba de operadores de su gobierno.

Llegará a 29 años

Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, al votar el pasado domingo.Foto: Especial

En 2018 estallaron las protestas más relevantes en su contra, ahí comenzó su ruptura con el sector empresarial. Se debió a que no estuvo de acuerdo con las reformas a la seguridad social.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), hubo 300 muertos, centenares de encarcelados y más de 100 mil personas que salieron del país.

Pero una mujer dio la cara por él: su esposa Rosario Murillo, quien ha sido vicepresidenta desde hace seis años; además, es la única vocera de la presidencia, pues lleva la agenda del Ejecutivo.

Ningún jefe de gabinete toma decisiones sin consultar a la esposa de Ortega, quienes lo hacen son despedidos. Incluso, la hija de la hoy vicepresidenta y esposa de Ortega ha denunciado que desde los 9 años y durante más de una década fue abusada sexualmente por su padrastro. Bien dicen que el poder hace perder la cabeza. Esta madre ha preferido estar de la mano del dictador y asesino con tal de conservar el poder. No sólo eso, han denunciado a la hija de loca y traicionera.

Rosario Murillo fue alejando al grupo sandinista que rodeaba a Ortega poco a poco para convertirse en la persona indispensable en la vida de su esposo, al grado de que actualmente no toma una decisión sin platicarla con ella.

Con los años, la pareja se aprovechó de la ayuda petrolera que recibió del presidente venezolano, Hugo Chávez, para comprar favores, desarrollar una política clientelista y enriquecerse.

Desde 2006, cuando dejó atrás el uniforme verde que lo identificaba como uno de los hombres que terminó con los Somoza, dio un giro a su política y utilizó frases como el "capitalismo salvaje y el neoliberalismo".

Actualmente desprecia a quien, hasta 2018, era su mayor socio comercial: Estados Unidos, al que califica como “el imperio”, lo que hizo que su Producto Interno Bruto cayera por tres años consecutivos a partir de entonces.

Las elecciones de este domingo generaron críticas internacionales: el presidente de EU, Joe Biden, denunció en un comunicado "una elección de pantomima que no fue ni libre ni justa, y ciertamente, no democrática".

El jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell, en nombre de los 27 países del bloque, denunció que las elecciones "se llevaron a cabo sin garantías democráticas" y consideró que "sus resultados carecen de legitimidad". Los comicios "completan la conversión de Nicaragua en un régimen autocrático".

El canciller Serguéi Lavrov condenó y consideró "lamentable" la decisión de la Casa Blanca de desconocer el sufragio. "Las elecciones se produjeron de forma ordenada, en pleno respeto de la legislación nicaragüense".

Hasta el momento, más de 39 países han mostrado su rechazo a esta simulación de elecciones, incluidos casi todos los países de la región latinoamericana, con excepción de Bolivia y Venezuela, quienes respaldan el gobierno de Daniel Ortega.

Argentina, tras varias horas, decidió sumarse a quienes exigen respeto a los derechos de los ciudadanos y con ellos sólo quedó México, sin fijar una postura.

Es una vergüenza que con todo lo que está pasando en Nicaragua, y la forma en que se han violado los derechos de miles de personas, unos encarcelados y otros muertos, México no fije una postura.

La Secretaría de Relaciones Exteriores dijo: “siguiendo la tradición diplomática de México, no habrá pronunciamiento de nuestra parte hasta que la instancia electoral anuncie oficialmente los resultados”.

Sin la presencia de prensa internacional, expertos y observadores extranjeros, de los comicios en Nicaragua, sólo tienen testimonio de pocas organizaciones, como Urnas Abiertas, que reportó diversas anomalías, como: intimidación por parte de las fuerzas de seguridad, en especial el Ejército; también el uso de recursos públicos, como vehículos, para trasladar a votantes.

Ortega es un presidente que no tuvo desafíos electorales, gobernará en medio de cuestionamientos sobre su legitimidad, convirtiéndose en uno de los líderes con más años en el poder en la historia de América Latina, sólo por debajo de Fidel Castro, de Cuba; Porfirio Díaz, de México; Alfredo Stroessner, de Paraguay, y Rafael Leónidas Trujillo, de República Dominicana.