Carlos Urdiales

Cumbre chica, crisis (humanitaria) grande

SOBRE LA MARCHA

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Carlos Urdiales

La sexta cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) fue escenario de pirotecnia diplomática. Estridencia que fue apenas sombra de episodios históricos e histéricos con protagonistas de alto calibre; Fidel Castro Rus exhibiendo una grabación no autorizada de la plática incómoda con Vicente Fox o el Rey emérito de España Juan Carlos I callando a Hugo Chávez.

El encuentro del fin de semana de la Celac, en Palacio Nacional, obsequió tímidos reclamos en contra de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Los mandatarios de Uruguay y Paraguay criticaron al régimen de la isla y desconocieron al gobierno de Caracas por lo desaseado de su proceso electoral hace tres años.

Con oratoria rimbombante, Nicolás Maduro retó a debatir lo que haga falta donde y cuando sea conveniente. O sea, nunca. Y el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, fustigó el gusto musical de su par uruguayo, Luis Lacalle, quien citó los versos finales de la canción “Patria y vida”, antídoto de la oficialista “Patria o muerte”. No más. De exterminar a la OEA, nada. Que luego.

La provocativa presencia virtual del líder chino, Xi Jinping, detonó especulaciones sobre el mensaje o ¿amenaza? que implicó, así como su potencial interpretación en Washington. Ilusión ideológica versus realismo económico. Por eso, el nuevo embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, pidió desde el sábado no “distraernos” y enfocarnos en lo que deja, no en lo que apenas impacta.

Mientras tanto, abajo en Tapachula y arriba en Ciudad Acuña, haitianos y uno que otro centroamericano son materia de retornos asistidos desde Chiapas o de deportaciones lisas y llanas desde Texas. Flujo migratorio estimulado por las desgracias caribeñas sinfín y la violencia y miseria compartida con Centroamérica.

Ayer, el gobierno de Joe Biden, además de continuar ignorando la carta que el Presidente López Obrador envió hace días con el canciller Marcelo Ebrard y en la cual propone a Estados Unidos invertir en nuestra frontera sur, y de ahí hasta Panamá, para atenuar razones y causas del actual éxodo. Y de los anteriores. Lamentó lo atroz, los excesos domésticos en contra de migrantes.

Marshalls de la patrulla fronteriza golpean con caballos y lazan, cual ganado, a haitianos que buscan esquivar sus cercos. Con látigos y sogas, los de la border cumplen su misión, imponer miedo como primer dique de contención para los que acampan allá y para los que transitan desde acá.

Durante el fin de semana los estadounidenses ultimaron los detalles de una operación diáfana, expulsar de su tierra y llevarlos hasta lo más cercano a sus puntos de partida, a los haitianos. Vuelo tras vuelo, el puente aéreo comenzó a funcionar.

Modos sutiles con metas idénticas, para nuestros vecinos del norte, republicanos ayer demócratas, acoger a miles sin tierra, está vetado; no pueden ni quieren. Presionan para que México haga lo que hacemos, atomizar caravanas y su impacto masivo. Pero al final llegan y vemos lo que vemos. Crisis enorme para una cumbre chica y excluyente de lo urgente.