Daniel Alonso

Danke, Káiser!

ARQUETIPO FUTBOL

Daniel Alonso*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Daniel Alonso
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Daniel Alonso

El ídolo más grande de Alemania, Franz Beckenbauer, se marchó el día de ayer. Tras soportar varios años de dolencias físicas, de la misma manera que soportó jugar con un hombro dislocado los tiempos suplementarios en el Partido del Siglo. Aquella postal con un vendaje en el Estadio Azteca, es uno de los momentos imborrables en la historia de los Mundiales y con aquella gesta, se ganó el respeto y admiración de la afición mexicana y del mundo entero.

Las vitrinas de los éxitos deportivos de Beckenbauer son igual de imponentes que las de la selección de Alemania o las del club de su vida, Bayern Múnich. Vistiendo la camiseta de la Mannschaft, el legendario número 4 conquistó la Euro de 1972 y el Mundial de 1974 venciendo en la final al mejor equipo del torneo, la Holanda de Johan Cruyff. Con el jersey del Bayern Múnich, ganó cuatro títulos de la Bundesliga y tres Copas de Europa, hasta el fin del siglo XX, eran los únicos trofeos que poseía el Bayern a nivel de Europa.

Su estilo de juego también fue revolucionario e implementó la posición de “libero” que hoy se utiliza en muchos sistemas del futbol. Sus cualidades también le permitieron ganar el Balón de Oro en 1972 y 1976, siendo el primer defensa en conseguir dicho galardón.

Ya como entrenador, su éxito no se detuvo, y en 1990 se convirtió junto a Mario Zagallo, los únicos dos hombres en el planeta, en conseguir levantar el trofeo de campeón del mundo como jugador y como entrenador. Casi treinta años después, Didier Deschamps se les uniría con la Francia vencedora en Rusia 2018.

Pero tal vez uno de sus mayores logros no está en ninguna vitrina, no lo consiguió ni como entrenador ni como jugador. Fue como directivo y miembro del consejo que llevó el Mundial de 2006 a tierras germanas por primera vez como un país unificado. Dicho evento, más allá de lo deportivo, significó para el pueblo alemán una reconciliación histórica con su propia identidad. Hasta antes de dicho Mundial, para los alemanes era muy incómodo poder manifestar su admiración y el orgullo de ser alemán.

La posibilidad de ser anfitriones de un evento de la magnitud de una Copa del Mundo era la oportunidad de mostrarle al mundo que el país había dejado atrás la carga histórica de la Segunda Guerra Mundial y que nuevamente el pueblo germano podría sentirse orgulloso de sus colores y de su bandera. Ése fue el gran éxito de aquel mundial, que nuevamente reunió públicamente a su gente sin aquella vergüenza histórica.

Paradójicamente, la organización de este mundial significó para Franz Beckenbauer el arroz negro en su carrera. En 2016, la Comisión de Ética de la FIFA abrió una investigación contra el directivo alemán por presuntos sobornos para conseguir la sede del 2006. Los hechos prescribieron y la investigación contra Beckenbauer quedó sin efectos.

Ahora, el tiempo, rival imbatible, ha reunido al quinto elemento que faltaba en el club de los cinco grandes del siglo pasado: Pelé, Maradona, Cruyff, Di Stefano y Beckenbauer. Hoy en día se discute sobre el 11 ideal de la historia, se debate siempre entre los mediocampistas y los atacantes, pero en cualquier equipo, el único que nunca falta es el Káiser, y en todos ellos, siempre será el capitán, algo incuestionable.