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Daniel Alonso

El futbol orwelliano

ARQUETIPO FUTBOL

Daniel Alonso
Daniel Alonso
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Lo ideal sería hablar de un juego espectacular del América o las Chivas tras el clásico nacional; pero la verdad es que de futbol hay muy poco que rescatar; el partido fue tan malo, que Giovanni dos Santos, quien llevaba un torneo gris, brotó como la figura del encuentro; eso sí, un auténtico golazo como suelen ser los tantos del delantero azulcrema, poquitos pero bonitos.

Sin mucho de que hablar sobre lo sucedido en la cancha, el tema que “incendió” las redes sociales y alimentó de polémica las mesas de análisis futboleras tras un clásico desangelado fueron las imágenes de Oribe Peralta charlando con algunos de sus excompañeros. En un tono bastante relajado, y con la confianza de que las tribunas estaban vacías, Oribe platicó durante unos minutos con varios azulcremas.

El Cepillo olvidó que vivimos en la época que George Orwell plasmó en su novela 1984, una sociedad reprimida y vigilada en todo momento por el ojo del Gran Hermano. Hoy las lentes de las cámaras nos rodean por todos lados y cada movimiento, palabra o acción, quedará bajo el escrutinio y juicio de los medios.

Una charla entre compañeros de profesión se distorsionó. La acción de Oribe pareció faltarle el resto a la historia de las Chivas y a varios aficionados que incrédulos no podían aceptar que su jugador se acercara a excompañeros para contar chistes, anécdotas, o de lo que haya tratado la conversación.

Sabemos que el futbol es también una representación de la guerra, una batalla deportiva. Y hace décadas, los clásicos o juegos de alto riesgo, podían generar entre los futbolistas sentimientos de bastante rechazo. Era imposible cambiar una camiseta del River por una del Boca, o una del Madrid por una del Barcelona. Pero las generaciones han evolucionado, y si bien antes los valores se nutrían de nacionalismos o sentimientos de pertenencia desbocados, hoy los nuevos futbolistas han demostrado que nada es permanente.

Entiendo, más no comparto, las opiniones y sentimientos de muchos aficionados que se sintieron traicionados por Oribe, como si su buena relación con americanistas influyera en las indisciplinas constantes de sus propios compañeros; pero lo que me parece inverosímil es que algunos analistas de este deporte, en pleno 2020, se sigan aferrando a “valores” caducados.

Carlos Vela, por ejemplo, se cansó de demostrarnos que las generaciones son distintas, que se puede ser buen futbolista sin morir de pasión en el intento; y ejemplos sobran en todas las ligas, los nuevos futbolistas no se enamoran ciegamente de una camiseta o de los colores, ni siquiera de sus seleccionados nacionales; una sociedad que maltrata su historia cultural reflejada en la migración no generará un amor ciego a la bandera nacional, sea la que sea.

¿En qué podemos enfocarnos más allá de los valores que han pasado de moda? En el profesionalismo, en las estadísticas, en el recuerdo que se queda en la afición y en las páginas del club. Y en eso, Oribe Peralta ha cumplido cabalmente en todos los equipos y si en este momento quisiera tomarse en serio los comentarios surgidos por la “polémica” y decidiera retirarse del futbol, podría hacerlo con la absoluta tranquilidad, de no deberle nada a nadie.