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Dra. Yolanda Pica

El impacto del Covid-19 en niños y adolescentes

CLARAMENTE

Dra. Yolanda Pica
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  • Dra. Yolanda Pica

Ciudad de México, mayo de 2020, Lourdes (40 años) escucha ruidos desde muy temprano en su casa, cuando va a investigar de qué se trata se encuentra a su hijo Santiago (7) sentado en la sala, bañado y vestido con el uniforme de gala de la escuela, la mochila lista; al ver a su madre le suplica que hoy sí lo lleve al colegio, le explica que tomar clases en línea le parece aburrido y que extraña a sus amigos y jugar en los recesos; para su madre es una gran sorpresa, él nunca había mostrado gusto por asistir a clases.

Santiago es uno de los 138 billones de niños del mundo que suspendió la actividad escolar presencial; si bien la dinámica en su casa es relativamente armónica, la convivencia con sus dos hermanos menores lo tiene cansado, su padre quedó desempleado y está deprimido, su madre ahora más empeñada en mantener su trabajo, pues es la única fuente de ingresos de la familia. La dinámica es oscilante, ante las interrupciones de los niños que no están habituados a estar en casa, al inicio del día son toleradas con afecto, pero conforme pasan las horas se convierten en gritos y pleitos, y cabe destacar que nos estamos asomando a la vivienda de una clase social media con privilegios.

Ante el Covid-19 los niños y adolescentes constituyen un colectivo de especial vulnerabilidad, esta pandemia se asocia con factores psicosociales como pérdida de hábitos saludables, violencia intrafamiliar y abuso de nuevas tecnologías. Gómez Macfarland y Sánchez Ramírez reportaron que en nuestro país, en el primer cuatrimestre del 2020, comparado con 2019 hubo un aumento de 10 por ciento de delitos de violencia intrafamiliar.

La Unicef considera a la niñez como la “víctima oculta” de esta pandemia. En América Latina millones de niños, niñas y adolescentes están desarraigados, afectados por la pobreza, la violencia y los conflictos. Como resultado del cierre de las escuelas, más de 154 millones están temporalmente fuera de todo beneficio educacional y 80 millones han dejado de recibir alimentación básica.

De acuerdo con la doctora Isabel Sánchez, autora de una minuciosa revisión del tema, los problemas de salud mental en menores no sólo tienen que ver con el miedo a un virus invisible, sino también al distanciamiento social, a la incapacidad para desarrollar actividades cotidianas que les ayudan a regular sus emociones y que son necesarias para su proceso de maduración cerebral.

Un estudio realizado en Italia y España por los doctores Orgilés y Delvecchio detalla que los padres han reportado cambios en las emociones y conducta en 85.7 por ciento de sus hijos confinados, los más frecuentes reportados son dificultad para concentrarse (77 por ciento), irritabilidad (39 por ciento), inquietud (39 por ciento) y sentimientos de soledad (31 por ciento).

En países con bajos ingresos existe el riesgo de que a las niñas, ahora integradas a las labores domésticas, ya no se les permita regresar a la escuela.

El día de mañana los niños de nuestro país podrán regresar a clases con tres condiciones señaladas por la Secretaría de Educación Pública: 1ª Semáforo Verde, 2ª Personal Educativo y Administrativo Vacunados y 3ª Comunidad Escolar de acuerdo en participar, con la consigna de que si hay un caso positivo a Covid-19 en un grupo se detienen las clases.

Vale la pena señalar que será necesario implementar en todas las escuelas del país (hago énfasis, tanto públicas como particulares), programas de salud mental escolar, porque todos los niños y maestros afectados por la pandemia van a requerir apoyo en este apartado, inicialmente identificando a los que estén sufriendo síntomas emocionales. A los profesores les va a tocar la importante tarea de detectar a los niños con problemas psicológicos y de conducta, es probable que algunos de ellos hayan sufrido la pérdida de un familiar, con el duelo anormal subsecuente que ha seguido a las muertes por el Covid-19, abusos y violencia en casa, lo que será una variable nueva y difícil de enfrentar en este ya complicado regreso a los planteles, pues la pandemia no ha terminado.

Esperemos que un año después Santiago conserve la ilusión de asistir a su escuela.

En el punto de vista de Albert Einstein: “La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices”.