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¡Oye, Trump!

DESDE LAS CLOACAS

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Sin duda, lo que ocurra esta semana será determinante para el curso del Gobierno y de la vida del Presidente Andrés Manuel López Obrador y marcará un antes y un después en su sexenio.

No sólo se trata de una visita de Estado al controversial “vecino del norte” ni del encuentro cara a cara con el polémico líder norteamericano Donald Trump —que ya de entrada usará el acto para apuntalar su campaña por la reelección— también será la prueba de fuego de todos los principios nacionalistas que el tabasqueño ha venido pregonando en los últimos años.

López Obrador estará en suelo norteamericano, no como un aspirante al poder como lo hizo por allá de 2017 para presentar su libro ¡Oye, Trump!, sino como representante del poder mismo, como jefe de Estado de un país que tiene reclamos pendientes con EU, el principal, el maltrato a los migrantes.

Las cosas no pintan bien para esta primera salida del Presidente mexicano al extranjero. De entrada la Casa Blanca ha tomado el control de la visita, por ejemplo, de los integrantes de la prensa que acompañarán al mandatario y que han tenido que esperar que el equipo de Trump les dé luz verde.

Además, la agenda ha estado bajo un estricto sigilo por parte del gobierno norteamericano, al grado de que AMLO apenas tendrá tiempo para asistir al memorial de Abraham Lincoln para depositar una ofrenda el miércoles antes del encuentro.

Lo anterior, repercutirá en una posible reunión con líderes de migrantes mexicanos que han buscado un encuentro con él y a los cuales ha optado por darles la espalda, a pesar de que depositaron su esperanza en que ahora sí impulsaría una agenda que los beneficie.

Un desplante a los llamados “Héroes vivientes” —como López Obrador llama a los migrantes— dirá mucho del estilo del tabasqueño para dirigirse a ellos y se verá si es cierto o no, todo eso que ha enarbolado como su filosofía. Exhibirá si todo lo que ha dicho sobre la defensa de los connacionales por allá es real.

El Presidente había intentado posponer lo más que se pudo este encuentro, pues quería evitar un raspón con Donald Trump. Pero en medio de una crisis sanitaria y del tsunami financiero que se avecina y que ya estamos resintiendo, no quedó de otra más que apostar todas sus cartas a la visita a suelo norteamericano.

Lo anterior significa además, que López Obrador está poniendo todos sus “detentes”, o mejor dicho, todas sus esperanzas, en el Acuerdo Comercial de América del Norte para hacer que su administración despegue. Y eso que apenas va para los dos años de gobierno.