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Un Tren de auditorías

DESDE LAS CLOACAS

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Los meses están contados para que empiecen a surgir las imperfecciones del Tren Maya en materia de impacto ambiental.

Desde la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y hasta el castillo, me llegan susurros de la auditoría interna que empezó hace unas semanas y que tiene como finalidad revisar con lupa cómo se elaboraron las manifestaciones de Impacto Ambiental necesarias para dar luz verde a los tramos donde ya se trabaja.

Y los técnicos ambientalistas de la Semarnat no están muy contentos que digamos, pues comenzarán a surgir, casi a pulular, los detalles de cómo se hizo manita de puerco en los estudios, por ejemplo, para los pasos entre la fauna.

Las observaciones y preguntas para esta auditoría se apilan en torres de documentos que los funcionarios de la secretaría tendrán que responder en los próximos meses y ¿saben qué? Todas deben quedar bien planchaditas, pues no es momento de sumarle al Gobierno federal un descalabro más y menos en cuanto a trenes se refiere.

Hay que recordar que este proceso de Impacto Ambiental consiste en un estudio detallado que el Fondo Nacional de Fomento al Turismo —encargado del proyecto presidencial ante la Semarnat— tiene que resolver lo antes posible para que se continúe con su construcción.

En caso de ser autorizado, y tras cientos y quizás miles de observaciones por la falta de rigor en el estudio —las observaciones de fauna y flora se realizaron en intervalos de tiempo que no son suficientes para un hábitat como el de la península—, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) deberá verificar el cumplimiento de los términos y condicionantes establecidos.

Organizaciones ambientalistas tienen puestos los ojos en las auditorías y en reiteradas ocasiones han pedido que se niegue la autorización al proyecto de desarrollo del Tren Maya, puesto que incurre en vicios provistos en la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente.

El tramo 1 del proyecto fue asignado al consorcio Mota-Engil México, SAPI de C.V. Mientras que el grupo conformado por Operadora Cicsa y FCC Construcción fue el ganador de la licitación para construir el tramo 2.

Azvi ganó el tercer tramo del Tren Maya por 397 millones; el tramo 4 fue por adjudicación directa a Grupo Ingenieros Civiles Asociados (ICA); el Tramo 5, que corresponde al trayecto de Playa del Carmen al Libramiento Tulum, estará a cargo de Grupo México, en conjunto con la empresa española Acciona, y los tramos 6 y 7 serán construidos por ingenieros militares.

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.