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Jacqueline L'Hoist Tapia

Genocidio en Ruanda

HABLANDO DE DERECHOS

Jacqueline L´Hoist Tapia
Jacqueline L'Hoist Tapia
Por:
  • Jacqueline L'Hoist Tapia

Una de las expresiones más terribles del racismo es el genocidio. Desafortunadamente, la historia de la humanidad ha estado marcada por estas conductas de discriminación, que tienen por intención aniquilar a un grupo de personas argumentando motivos raciales, políticos, religiosos o de etnias, entre otros, cargados de prejuicios y estigmas, pero, además, está la acción deliberada de exterminarles de forma sistemática, deteniendo el nacimiento o procreación de otros seres humanos.

En el siglo XIX se estableció en Ruanda un sistema organizacional que institucionalizaba las castas, donde la mayoría hutu quedaba subordinada a la segunda minoría, los tutsis. Esto generó un marco colonial e injusto, exacerbando las diferencias y el odio social, esto contribuyó tiempo después a que la población tutsi fuera víctima de genocidio. Se calcula alrededor de un millón de asesinatos, entre 250 mil a 500 mil mujeres y niñas violadas, y 600 mil personas desplazadas. A raíz de esta terrible tragedia, el 7 de abril se conmemora el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio en Ruanda, que se recuerda cada año para rendir homenaje a todas aquellas personas, hombres, mujeres, niñas y niños, que en 1994 fueron exterminados.

La intervención, en 1994, de la Organización de las Naciones Unidas, al crear un Tribunal Internacional en Ruanda, fue central para acercar la justicia, y el 2 de septiembre de 1998, este tribunal dictó la primera sentencia condenatoria contra el alcalde de Tabas, Jean Paul Akayesu. Gracias a la participación del Sistema Nacional de Seguridad de la ONU, también se pudo visibilizar que este genocidio contó con un acto que, además del hecho ya detestable, fue aún más cruel: la saña en contra de las mujeres y las niñas, sus muertes y violaciones sistemáticas tenían la intención deliberada de destruir al grupo étnico tutsi, ya que al matarlas a ellas eliminaban la posibilidad de la procreación y, por tanto, la garantía del exterminio.

Las diferencias culturales han sido tomadas como amenazas, en vez de ser abono para entendernos, y la lista para exterminarnos entre nosotras y nosotros es larga. Entre los que podemos contar está el genocidio armenio (1915-1923), el Holocausto (1941-1945), el Samudaripen, Camboya (1975-1979), Ruanda (1994) y la masacre de Srebrenica (1995).

Desafortunadamente, muchas más personas de las que quisiéramos mantienen conductas de supremacía en donde el racismo, la xenofobia, misoginia, homofobia, islamofobia y antisemitismo, entre otras, forman parte de estas expresiones discriminatorias. Los llamados al odio en redes sociales, escondiéndose en libertad de expresión, son una cotidianidad que ponen a muchos grupos en situación de vulnerabilidad. La diversidad del ser persona debería de ser un valor que enriqueciera a las sociedades y que construyera diversidad de pensamiento, al garantizar la inclusión social. Al final, todas y todos giramos sobre el mismo planeta.