Javier Solórzano Zinser

Se va escribiendo el futuro

QUEBRADERO

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Javier Solórzano Zinser

La maltrecha y expuesta oposición ha encontrado en la defensa del INE un punto de cohesión. No queda claro qué puede pasar después de que la multicitada Corte termine por decidir el futuro de la propuesta presidencial, pero es claro que con reglas claras fuere lo que fuere, las urnas y la capacidad de movilización serán lo que decida el futuro.

Por ahora hay un punto de encuentro en la defensa del INE sin que aparezca un proyecto de país que vaya más allá de un asunto coyuntural, reconociendo la gran trascendencia e importancia que tiene.

La batalla que se está dando por el INE es la de la definición de la democracia del país. La marcha de ayer conjuntó, al igual que la del 13 de noviembre, voluntades de toda índole, pero lo que se va viendo es que una parte de la sociedad pueda tener coincidencias y podría aparecer como un bloque frente a un Presidente y un partido realmente fuertes.

El nuevo signo de los tiempos en cuanto a la democracia y la política pasan más por los ciudadanos que por los partidos, aunque sean éstos los que al final terminen instrumentándola. Las dos marchas muestran movilizaciones significativas en donde el peso mayor lo terminan por dar los ciudadanos, porque ellos han venido desde hace tiempo tratando de tomarle distancia a los partidos, sin dejar de reconocer su papel estratégico en la conformación de la vida política del país.

Ésta es una de las razones por las cuales el futuro político se ve incierto respecto a cómo se quiere enfrentar a un Presidente con un alta legitimidad y reconocimiento. No se alcanza a apreciar cómo se le puede vencer, porque en el día con día se fortalece a través de un discurso y un espacio que se expande de tal manera que todo lo que diga y haga construye la agenda del país y el centro de las conversaciones.

El Presidente se movió la semana pasada en el muy delicado terreno del sarcasmo y la ironía que se acerca al insulto. Sabe que tiene la sartén por el mango y que todo lo que diga va a ser multinterpretado y sabe también lo que provoca y más cuando se acerca un acto como el de ayer lo cual, todo indica, que le incomoda.

Al Presidente y a sus seguidores no les gusta que les quiten la calle. La consideran propia debido a que a lo largo de muchos años ha sido un espacio que López Obrador fue haciendo suyo y el cual de alguna manera terminó por ir ganándolo y también por identificársele como su espacio para el desarrollo de sus estrategias políticas.

Los escenarios van a terminar por definirse después de lo que decida la Corte. Mientras tanto la calle podría seguir siendo un espacio para dirimir ciertas batallas. El Presidente así lo ha entendido y, por ello, al igual que sucedió el 13 de noviembre, ahora ya tiene también en la mira una marcha que se interpreta como una respuesta a la marcha de ayer: se va a organizar en el Zócalo, con motivo de la expropiación petrolera, un acto multitudinario, el Presidente por ningún motivo iba a dejar pasar la oportunidad.

Si en la primera marcha el centro de la protesta era la defensa del INE, ayer las cosas quedaron más definidas. Las críticas al Presidente y su gobierno crecieron y se convirtieron en otro de los grandes objetivos de la movilización.

Todo esto le da la razón al Presidente en el sentido de que más que defender al INE es una marcha contra su gobierno, diríamos que más bien son las dos cosas. Lo que va quedando claro es que la oposición ya tiene el tiempo en su contra, si no termina por encontrar coincidencias centrales para presentar un amplio frente ante Morena éste consolidará, cómo se ve venir, su presencia como el gran partido gobernante.

Hoy por hoy no se ve quién se le pueda poner enfrente.

RESQUICIOS.

Como era de esperarse Perú está congelando las relaciones con México. El gobierno no puede decirse sorprendido después de la andanada de señalamientos y adjetivos que le ha lanzado al gobierno sudamericano, aquello de “gobierno espurio” no podía pasar de largo.