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Javier Solórzano Zinser

Todos tenemos que ver con todos

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser
Por:
  • Javier Solórzano Zinser

No hay manera de vivir en el aislamiento. En una sociedad tan interrelacionada e interdependiente; todos tenemos que ver con todos.

El coronavirus es prueba de cómo hoy en día no hay manera de tener cerradas las puertas de ningún país. Las economías y sociedades que se han querido aislar han terminado por verse afectadas por Covid-19; no hay quien se salve.

Las nuevas tecnologías acabaron por acercarnos. La economía es lo que más se ha compartido en medio de la globalidad, particularmente en países como el nuestro, para bien y para mal, con las nuevas formas que se han construido en busca de novedosas y fructíferas formas de interrelación.

El TLCAN, en una primera etapa, hoy T-MEC, es el instrumento más acabado que se ha ido construyendo entre los países, los define el saberse mutuamente dependientes y sobre todo un espíritu de desarrollo bajo reglas claras y de consenso.

La realidad ha terminado por avasallar las críticas que durante mucho tiempo se hicieron a estos tratados. A muchos críticos no les quedó de otra que sumarse y apoyar este tipo de instrumentos, porque terminaron por entender que las economías aisladas no tienen manera de poder desarrollarse en medio de un mundo global que, insistimos, camina y establece en medio de sus pros y contras.

Si algo compartimos es el conocimiento. En la medida en que se impulsa y desarrolla la ciencia, las sociedades tienen mejores estrategias para sus políticas públicas. El coronavirus se ha convertido en una carrera vertiginosa para enfrentarlo y para hacerlo sólo se puede lograr a través del conocimiento.

La construcción del conocimiento ante Covid-19 es producto del trabajo de científicos de todo el mundo, entre ellos los nuestros, y es lo que nos está llevando a la posibilidad de frenar al virus.

Aislarse o menospreciar la creación del conocimiento global es impedir las transformaciones sociales, pero sobre todo, es inhibir el desarrollo de las sociedades para acabar llevándolas al estancamiento y un destino fatal.

El Presidente ha mandado muchas señales contradictorias en este sentido. No tienen lógica sus críticas a quienes estudian en el extranjero porque, entre otras cosas, cierra la posibilidad de que un país se nutra con la formación de conocimiento que permita tener más herramientas para la transformación de la sociedad, al tiempo que se alienta la vocación del estudio, la investigación y el desarrollo de nuevas generaciones.

Sin duda, cabe la merecida crítica a más de alguno que haya ido al extranjero y que al regresar al país haya trabajado en el Gobierno haciéndolo de manera desleal y corrupta. No hay necesidad de ir muy lejos, es cuestión de revisar lo que algunos hicieron en la pasada administración, pero es una minoría.

Sin embargo, el reduccionismo no tiene sentido. Nuestras universidades, nuestros centros de investigación científica y muchos gobiernos y empresas del país, se han enriquecido y desarrollado debido a que un buen número de mexicanos comprometidos que han hecho estudios en el extranjero son el eje de sus proyectos.

A muchos les ha costado un enorme esfuerzo familiar pagarse sus estudios, a muchos también  les han ofrecido trabajos con muy buenos salarios, mejores que los que tienen en México, pero a pesar de ello, han optado por regresar al país por el compromiso que tienen con nuestra sociedad y porque lo consideran un deber.

No vienen bien los signos de aislamiento. No todos ni todas que hacen maestrías o doctorados merecen las expresiones que les endilgó el Presidente, la gran mayoría son exactamente lo contrario de lo que lanzó.

RESQUICIOS.

Que conste.

AMLO es un gran hombre, pero está rodeado de “pirrurris”: Jaime Bonilla, gobernador de BC.

No tengo “información certera” sobre la renuncia de Jiménez Espriú: AMLO.

Emilio Lozoya empezó “a mencionar a personalidades, a políticos y de manejo de dinero”. AMLO (Quién le contó al Presidente).