Leonardo Núñez González

El fin del Título 42

EL ESPEJO

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Leonardo Núñez González

Esta semana llega a su fin la aplicación del Título 42, la infame regulación con la que, debido a la pandemia, el Gobierno de Estados Unidos expulsó de su territorio de manera exprés a todos los migrantes que intentaron cruzar la frontera, fueran sin papeles o solicitantes formales de asilo. El retiro de la medida no abre una ventana para facilitar la migración, pero así es percibida por muchas personas y, en conjunción con las acciones mexicanas, que se alinearon a la política migratoria estadounidense, sólo llevará a poner más presión en una frontera que ya está en crisis.

El cambio fundamental con la aplicación del Título 42 fue que, bajo la justificación de la crisis sanitaria por el Covid-19, las autoridades estadounidenses pudieron devolver de inmediato a los migrantes que encontraran tratando de cruzar la frontera, sin tener que hacer ningún trámite ni procedimiento dentro de su territorio. Para su buena fortuna, el gobierno mexicano aceptó convertirse en la Border Patrol lanzando a la Guardia Nacional para tratar de contener el flujo migratorio y, además, se encargaría también de recibir a los migrantes devueltos desde Estados Unidos, en la política conocida como Remain in Mexico. Así, el problema migratorio se outsourceó unos kilómetros al sur del río Bravo.

El fin del Título 42 implica que las autoridades estadounidenses ya no tendrán a su disposición esta expulsión exprés, pero eso no significa que las puertas del país se abran de par en par, sino todo lo contrario. El fin de la política de la pandemia no implica caer al vacío, sino regresar a los mecanismos del Título 8, en el que la migración sigue siendo criminalizada y sólo se permite que realicen su petición de asilo aquellos migrantes que logren demostrar un miedo fundado de persecución en su país por motivos de raza, religión, nacionalidad, opinión política o clase social. El resto seguirá siendo detenido y expulsado del país, con la diferencia de que, al haber sido procesado en el sistema, se le da al migrante una prohibición formal de reingreso a Estados Unidos en los siguientes 5 años bajo la amenaza de ser procesado penalmente.

En términos formales, el fin del Título 42 no facilita la migración, pues sólo devuelve a los mecanismos del pasado. Pero el cambio de política tendrá un impacto significativo, pues muchos migrantes perciben, no importa si es cierto o falso, que tienen mejores probabilidades de cruzar al otro lado. Si bien el riesgo de tener que quedar varado en la frontera del lado mexicano sigue latente, porque el Gobierno de López Obrador seguirá recibiendo migrantes de algunas nacionalidades, el cambio se percibe como una oportunidad.

Las caravanas migrantes ya comienzan a crecer bajo esta expectativa y por eso el propio Gobierno de Biden ha enviado refuerzos militares a la frontera, pues tratarán de contener y detener a la mayor cantidad posible de migrantes. Algunos serán devueltos a México y otros permanecerán en Estados Unidos, pero, en el fondo, la situación migratoria no hará más que empeorar, pues más allá de los discursos, el tema migratorio se sigue enfrentando con criminalización y persecución, sólo que ahora desde los dos lados de la frontera.