Domingo 17.01.2021 - 15:58

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Mónica Garza

Homicidio y feminicidio… la radical diferencia

GENTE COMO UNO

Mónica Garza
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Por:

¿Por qué el Presidente Andrés Manuel López Obrador no entenderá que no es momento para ser políticamente incorrecto con las mujeres y menos en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en el año más desastroso al respecto en México?

¿Por qué le falta al respeto a tantas víctimas de este delito, asegurando que las causas de un feminicidio y las de un homicidio “en general sí” son las mismas? ¿A qué responderá su discurso siempre tan poco sensible? …

¿Será un asunto de desinformación?, ¿desinterés?, ¿ceguera?… ¿Cómo debemos leer esto las mujeres?, ¿Cómo deben escucharlo las familias rotas por la violencia de género, las madres que claman justicia por la muerte de sus hijas o los huérfanos del feminicidio?…

La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero —primera mujer en serlo en la historia de México— como mujer de leyes que es, ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y quien perfectamente conoce la diferencia entre ambos delitos, debería de intentar explicársela al presidente, más allá de tener que salir a corregirle la plana en un terreno infértil para justificarlo, sin quedar mal ella.

Porque sí resulta francamente anticlimático que el jefe del ejecutivo haga semejantes declaraciones en este año en el que en nuestro país 801 mujeres perdieron la vida, de enero a octubre de este 2020, víctimas de feminicidio, según reporta el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Y mire que no es tan complicado, hay 7 especificaciones claritas que aparecen en nuestro Código Penal Federal en el artículo 325 y que tipifican el feminicidio:

1. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo.

2. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia.

3. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima.

4. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza.

5. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima.

6. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida.

7. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.

Una manifestante, durante la marcha feminista del pasado 25 de noviembre.Foto: Cuartoscuro

En realidad no hay pierde, las autoridades no tienen pretexto para no poder determinar si la muerte de una mujer puede ser clasificada o no como un feminicidio, que se da en diferentes circunstancias:

El íntimo, donde el agresor es un hombre con el que la víctima tenía una relación o vínculo cercano; el no íntimo, cuando quien lo comete era un desconocido; el infantil, cuando la mujer es menor de 14 años; el familiar, que se da en un contexto de relación por parentesco; la circunstancia de conexión, en la que la afectada estuvo en la “línea de fuego” de un agresor que intentaba ejercer violencia contra alguien más; en una red organizada, por prostitución, por trata, por tráfico, por transfobia, lesbofobia, incluso por racismo o mutilación femenina.

El espectro del feminicidio es extenso, pero nada confuso para las autoridades. El problema está en atender el crimen con perspectiva de género, tipificarlo correctamente y no confundirlo con un homicidio, como le pasó al Presidente, que incurrió en una muy desafortunada injusticia.

La organización Impunidad Cero reveló este mismo mes que los feminicidios en México han crecido 137.6 por ciento desde 2015, además de que el nivel de impunidad en estos casos es de 51.4 por ciento. Y eso sin contar tantos que se han “confundido” con homicidios…

El miércoles pasado, al tiempo que tantas voces femeninas se levantaban en contra de la violencia de género en el mundo, en la mañanera de la burbuja de nuestro Palacio Nacional ocurrió un contraste de ideas, entre el jefe del ejecutivo y su secretaria de Gobernación, interesante por positivo, si el primero decidiera escuchar con más atención a su segunda al mando, y avanzar un poco, hacia romper nuestra cadena de machismo, ignorancia e indiferencia.

Y no es que el actual Presidente de la República sea el menos sensible con las mujeres, por supuesto que ha habido muchísimo peores, pero este nos había prometido ser distinto, y entre omisiones y confusiones ha resultado lastimosamente igual.