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Pedro Sánchez Rodríguez

¿Qué es ser populista?

FRENTE AL VÉRTIGO

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La victoria de Joe Biden en Estados Unidos fue vista como un voto de confianza a la democracia representativa. Sin embargo, en el mundo, persisten líderes populistas parecidos a Donald Trump. La reciente experiencia de Estados Unidos hace suponer que existe una base que puede volver a activarse en cuanto el establishment falle. Como explica, Jan-Werner Müler, en su libro What is Populism?, el populismo es una sombra permanente dentro de las democracias representativas.

Müler explica que el populismo es una forma moral de ver la política en la que una persona habla en nombre del “pueblo verdadero” en clara oposición a las élites que no representan a nadie. No basta con criticar a las élites para ser populista, se requiere que sean antipluralistas: sólo ellos pueden representar a la gente, el resto están moralmente derrotado para representar a una entidad superior y homogénea que no falla, como el pueblo. El bien común es evidente para los populistas y no depende tanto de una construcción de consensos entre varias partes, sino en la idea moral de que el pueblo siempre sabe lo que es bueno y el populista siempre sabe interpretarlo.

Los populistas, sigue Müler, gobiernan bajo la premisa de que ellos y sólo ellos representan al pueblo y para lograrlo se enfocan en procesos para ocupar el Estado, instalar redes clientelares y suprimir todo lo que se parezca a una sociedad civil crítica. Para ocupar el Estado, los regímenes populistas utilizan mecanismos como, por ejemplo, modificar las reglas del servicio público para remover del cargo a burócratas de carrera e instalar en la administración pública a funcionarios leales al régimen o intentar anular la independencia de las cortes. En el mismo sentido, también son intolerantes a la cobertura mediática que les desfavorece porque argumentan que aquellas noticias que les perjudican atacan al pueblo mismo. Para tejer sus redes clientelares se enfocan en el intercambio de subsidios y donaciones con la finalidad de mantener su apoyo base. Los populistas ven con recelo a las OSC porque son una competencia con respecto a su concepto de que sólo ellos pueden representar a la sociedad.

Esto no deriva necesariamente en un régimen autoritario, sino en democracias disfuncionales e iliberales. Bajo el imaginario moral del populismo, la democracia se enfrenta a la posibilidad de convivir con poderes constitucionales que no operan divididos, constituciones modificadas en la cual los derechos pueden verse mermados e iniciar los cimientos de un Estado predatorio. Aún así normalmente mantienen un elemento democrático indispensable que es que al final de un periodo fijo de gobierno los electores tienen la posibilidad de remover a su gobernante. Ahí es donde la ilusión populista topa con la realidad, porque mientras argumentan que el verdadero pueblo está con ellos, la suma de preferencias individuales agregadas por medio de un sistema electoral no siempre les da la razón.