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Roberto García Requena

La magia del cine en peligro: pérdidas y cambio de modelo de negocio

BANDA ANCHA

Roberto García Requena
Roberto García Requena 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Roberto García Requena

Pocas industrias sufrieron un impacto negativo de la magnitud que está viviendo la industria cinematográfica como consecuencia de la pandemia de Covid-19. El golpe sufrido no ha significado únicamente pérdidas millonarias para los cines, sino que también la pandemia aceleró el proceso de cambio de dinámicas y modelos de negocio de esta industria.

En cuanto a las pérdidas, según datos de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), como consecuencia de la contingencia del Covid-19 en México se dejaron de vender 443 millones de boletos, que equivalen a casi 24 mil millones de pesos en pérdidas.

En cuanto al cambio de dinámicas y modelos de negocio, el salto más importante es que los cines dejaron de contar con una pieza clave: la exclusividad del contenido. Durante más de 100 años, las películas se estrenaban únicamente en cines. Después del estreno, y durante un periodo generalmente de 90 días, los filmes estaban disponibles paulatinamente en otros formatos o ventanas de exhibición como el DVD, BlueRay, TV cerrada, TV abierta.

El streaming o las plataformas han venido sustituyendo a los formatos del DVD, BlueRay y la televisión como tradicionalmente la conocemos. No parecía que las plataformas fueran a impactar de manera importante a los cines. En 2019 se vendieron en México y en muchas partes del mundo más boletos de cine que en toda la historia, y ya existían las plataformas. La diferencia en 2021 es la existencia de Disney+ y a su decisión de estrenar simultáneamente en cines y en su plataforma. La pandemia aceleró este importante cambio en las reglas del juego, al menos en el caso de Disney, que tradicionalmente generaba sólo para cines.

El resto de los estudios, como Universal o Warner no están estrenando simultáneamente en salas y plataformas, pero sí redujeron sus ventanas de 90 días a la mitad e incluso menos.

¿El cine desaparecerá? Lo más seguro es que no. Es una experiencia única y muy distinta a la que se tiene en casa. Sin embargo, es altamente probable que el número de salas en todo el mundo se reduzca y que los grandes estudios inviertan menos en las grandes producciones para cine.

Las películas para televisión requieren menos valores de producción que las destinadas a la pantalla grande, y los estudios no comparten ganancias con los dueños de los cines. Esperemos que no sea así y que el entusiasmo de los realizadores al arte, al séptimo arte, sea mayor que el exclusivo interés por maximizar utilidades. Sólo así podremos seguir gozando de la magia del cine.

Gracias a Tábata Vilar, Directora de Canacine, por sus aportaciones para esta columna.