Valeria López Vela

Lo peor es evitable

ACORDES INTERNACIONALES

Valeria López Vela *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Valeria López Vela 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Valeria López Vela

“Millones de otros como yo tienen la sensación de que el mundo va mal. Pueden sentir que las cosas se derrumban y crujen bajo sus pies”

George Orwell

Hace tiempo que el ritmo de los tiempos ha perdido cadencia. Pareciera que los músicos profesionales fueron reemplazados por improvisados populares que no respetan las partituras y desprecian la armonía de la orquesta. Los nuevos músicos producen chirridos y los sonidos desafinados que justifican con sonidos vacíos: palabrerías adjetivadas, descalificaciones y ningún argumento.

Aunado a esto, las circunstancias globales se han vuelto cada vez más adversas; desde la crisis de 2008 no hemos dejado de vivir dentro de la economía del miedo: a los inmigrantes, a las burbujas financieras, a los gobernantes totalitarios, a los antivacunas, a los sedevacantistas, a los trumpistas, a los terroristas, a los conspiracionistas…

Inhalar miedo, exhalar odio; todo esto crea el escenario para las crisis de supervivencia social, el derrumbamiento de los ideales y el paso a la barbarie. Aunque todo ello sea lo más lejano a los objetivos de la civilización. Como ha escrito Judith Shklar: “Toda persona adulta debería poder tomar sin miedo ni favor todas las decisiones efectivas posibles sobre todos los aspectos posibles de su vida, siempre que fuera compatible con idéntico ejercicio de libertad de cualquier otra persona adulta”. Y hace tiempo que eso no es posible.

Así las cosas, es inevitable preguntarse ¿qué debemos hacer? La única respuesta equivocada es: nada. Dejarnos llevar por la inercia totalitaria tampoco va a hacer que los retos sean menos; al contrario, las patologías sociales irían en aumento.

Considero que lo socialmente responsable es mantener y recuperar los criterios democráticos. En concreto, es indispensable que los líderes que se incorporan a nuevas posiciones tengan fuertes valores democráticos y compromisos éticos estables.

En ese sentido, el triunfo de Justin Trudeau para un nuevo periodo es una gran noticia. Aunque varios analistas consideraron que convocar a elecciones antes de que terminara su mandato fue un desacierto, pienso que en días tan convulsos garantizar la permanencia de un moderado al frente es un alivio para los canadienses y para el mundo.

Hay dos temas que considero prioritarios para la nueva gestión de Trudeau. El primero tiene que ver con el pasado y la cohesión social; se trata de la implementación de la reparación de daños para los niños indígenas. En 2008 el gobierno de Trudeau puso en marcha la comisión de la verdad y la reconciliación para investigar lo que había pasado en las residencias para adaptar a los indígenas a la cultura blanca. Los resultados han sido escalofriantes; hace apenas unas semanas se descubrieron 1,100 nuevas tumbas de menores de edad.

El segundo tema es la reconstrucción del país tras las secuelas de la pandemia —económicas y de cohesión social—.

Trudeau es un buen director de orquesta, permítaseme la analogía, que puede dirigir armoniosamente los sonidos de los nuevos tiempos para su país. Necesitamos más líderes capaces, como él.