Don Goyo nos une

Coordinación frente a la emergencia
Por:

Don Goyo es el nombre que le adjudican los pobladores de las comunidades cercanas al volcán Popocatépetl. Un volcán majestuoso que forma parte de nuestra cultura, nuestro paisaje y nuestra rutina.

Cuenta la leyenda que el Popocatépetl era un valiente y aguerrido guerrero tlaxcalteca, enamorado de Iztaccíhuatl, una bellísima princesa.

A lo largo de su historia ha presentado actividad importante, caracterizada por exhalaciones y explosiones que ponen en cierto nivel de riesgo a la población que lo rodea. Se sabe que ha estado activo por más de medio millón de años, protagonizando diferentes etapas de crecimiento, formando parte de al menos tres volcanes previos, estando el cono volcánico actual constituido sobre los restos de los otros volcanes.

El volcán Popocatépetl es parte de nuestras historias. De niño solía ir a Popo Park con mis papás a observarlo enorme frente a mis ojos. Antes de que iniciara este proceso de actividad, mi padre solía llevarnos a sus faldas, específicamente a caminar por los fríos y arenosos espacios de Tlamacas.

Aparece en las fotografías de los mejores fotógrafos del mundo; lo mismo que en los cuadros de famosos paisajistas. Casi siempre con esa fumarola que pareciera es permanente. Es protagonista también de libros y novelas; lo mismo que de películas de cine e historias de televisión.

Solía ser visitado por alpinistas de todo el mundo; hasta que en el mes de diciembre de 1994 despertó súbitamente. El volcán Popocatépetl se convirtió en uno de los más activos del mundo y en uno de los más vigilados del mundo también.

Si bien siempre ha sido un volcán estudiado, hoy son cientos de mujeres y hombres que dedican su vida a observarlo, monitorearlo, conocerlo, investigarlo, interpretarlo, entenderlo y comunicar a la población acerca de las medidas de prevención y preparación que las familias debemos llevar a cabo para evitar o disminuir el riesgo que su actividad representa.

Dichos profesionales en la materia realizan sobrevuelos para observarlo, analizan el contenido de los gases de sus exhalaciones, examinan el agua de sus manantiales, estudian la ceniza y los fragmentos rocosos que arroja mediante sus explosiones, registran la sismicidad y los movimientos del terreno que lo componen; todo, para brindar información a las autoridades y a la población acerca de su comportamiento.

Hoy, con un celular o una computadora, y gracias a la tecnología y al trabajo de esos profesionales encargados de su cuidado, podemos verlo las 24 horas del día con cámaras de alta definición; además de estar en posibilidades de obtener un reporte minuto a minuto con los detalles de toda su actividad.

Debemos observarlo, quererlo, admirarlo, contemplarlo, pero jamás ignorarlo, darlo por hecho o normalizarlo. Debemos mantenernos atentos a su actividad y al riesgo que ésta representa y, a la postre, podría representar.

El periodo de actividad que vive está cumpliendo 25 años. Vaya desde este espacio toda mi admiración y reconocimiento a las mujeres y a los hombres que han dedicado su vida a nuestro querido don Goyo.